27.12.20

27/12/2020

 

El arte. El arte solo es un recordatorio de que merece la pena vivir, y a la vez es el sustento de aquellos que aun desean creerlo, aunque no les queden esperanzas. Escribir siempre ha sido mirarse a uno mismo a los ojos. No puedo evitar sentir asco y miedo cada vez que dejo que mis manos suelten alguna de las palabras que tanto cuidan. He soñado que despertabas dormida paseando por mis dedos, que todas las cortinas se subían a la vez y la luz no me quemaba. He encontrado en las grietas del espejo todas las cornisas de las ventanas por las que casi salto, y acabé mirando al sol y su romance con la luna. Sé que me cuesta poner los pies en la tierra, pero también sé que no todas las palabras tienen que ser bonitas, que quizás deba perder el miedo a vivir sin la belleza, precisamente para poder volver a sentirla. Busco entre desiertos que se adentran por mi boca y me hacen escupir decisiones que nunca podrán convertirse en océanos, procuro ser aquel que un día me prometí ser, me disperso y me agobio y reprimo las ganas tremendas que tengo de gritarle a la vida que se detenga, o que al menos mire atrás, que necesito atarme los cordones y se me ha olvidado como hacerlo. Podría contarte vidas que jamás llegaré a vivir, por cada vez que mis ojos se cierran se levanta ante mi un escenario en el que procuro dejar de actuar cuando me noto la voz cansada, cuando mis palabras dejan de sonar como verdades. Nunca había dedicado tantos silencios a nadie.

Me asusta que el mundo sea un sitio oscuro y me asusta todavía más pensar que la oscuridad ahora vive dentro de mí. Una vez todas las luces se fundieron y no encontraba las paredes, el suelo se partió, y todo se hizo negro. Hubo una vez en que perdí todas las piezas y ahora lucho cada día por mantener en marcha un cuerpo que aun enamorado de la vida, a veces tontea con la muerte.

Desgasto mis pilares pensando que son eternos, me centro en los errores y omito los aciertos, he pensado que quizás todo esto no sea más que un sueño que me libra de estar despierto.

Un sueño en el que el miedo a dormirme es el que no me deja despertar.

Creo que hay verdades que ningún ser humano está preparado para contar, pero aun así debe contarlas alguien. Creo que la muerte sabe a miedo, y que la vida huele a sol por la mañana, y lluvia en una noche de verano.

Solo me bastan unos milímetros para sentir la inmensidad al alcance de mi mano, creo que hay cosas que deben suceder, me obligo a pensarlo porque llevo media vida convenciéndome de que hay cosas que nunca llegan.

Lo cierto es que no es tanto, ni mi talento ni todo lo que guardo, que creo que a veces tengo demasiadas creencias, que quizás empezar de cero no sea algo descabellado.

Se me olvidan muchas letras, siento ganas de llorar, porque en el fondo sé que no se me ha olvidado escribir, en el fondo sé que lo que se me ha olvidado es respirar.

20.10.20

Margaritas

Tengo que buscar las palabras adecuadas. Las botas se me mojan por dentro y me da miedo que se me olvide cómo andar. Me quedo sin tabaco, me quemo los dedos, me mojo los ojos con agua estancada, lloro paraguas rotos. 

Las personas no existen, no existen las personas. Yo, tú, él. Ella no existe. No quiero que exista. 

Bajo barrotes continuamente y vuelvo a subir el óxido a su sitio, todo ordenado. Todo en su sitio. 

Cada cosa en su lugar. No os mováis. 

Intento sacarme los clavos de las plantas de los pies con las uñas pintadas. Mi abuela me pintaba las uñas y odiaba el olor a esmalte. Le daba dolor de cabeza. 

Cuando entro en casa sigo escuchando los pasos de mi perra, pero está muerta. Sabía que iba a morir y no bastó para que no muriese. 

¿Si sabía que se iba a morir por qué se murió?

Ahora cuando lloro ya no pienso en nada, ahora lloro de verdad, y no me gusta. 

Lo he dado todo por esas margaritas, esas margaritas de ahí del césped de debajo de tu ventana que no tiene huellas que nadie ha pisado nunca. Ese trozo de paz envuelta en Madrid, en mierda. 

No crecen, las margaritas no crecen porque nadie les arranca los pétalos. 

Sillones de cuero barato, autopsias mentales, vómitos de odio. 

Las margaritas no crecen porque no tienen tallo. 


Quién quiere palabras teniendo letras. Ahora solo me sale escribir con las letras porque se me olvida lo que significa cada palabra porque se me ha roto el corazón de la infancia y tengo todo el suelo lleno de letras. Solo puedo hablarte con letras. 

Para mi lo son todo y siento que nunca digo nada. 

Estaba jugando con una chincheta y me la he clavado, pero me he aguantado las ganas de llorar, me daba vergüenza que viesen que soy tan débil como ellos. 

Me he agachado a hacer una bola de nieve para tirársela al coche de mis padres, y ellos gritaban desde dentro. Sin escuchar nada aprendí que jugando te pueden matar. 

Nunca he terminado ningún puzzle, ni lo voy a hacer. 

Está empezando a llover, tengo heridas en la cabeza que no sangran. Hay tormenta, a mi perra le dan miedo las tormentas. Ahora me dan miedo las tormentas. 

Ahora la lluvia me enfada. 

Me preocupan cuatro cosas, mi vida cabe en mis bolsillos. 

Mi vida son las manos que han tocado lo que yo no he podido llegar a sentir. 

A ti te lo cuento todo, y no sabes el odio que te tengo. 

Si no fuese por ti, ella estaría viva. Porque lo tienes que saber todo. 

Si no fuese por ti, ella estaría muerta. 

Creo que ya llega el autobús, esta vez conduzco yo.

Me sabe la boca a metal, me sangran las encías. No es la primera vez que meo sangre. 

Con mi abuela jugaba a las cartas y al dominó. Yo siempre hacía trampas. 

Mi hermana es buena, pero no es una buena hermana. 

La luz blanca entera para mí. Entera. Que me queme. 

Yo ya tengo adornado el sótano, pero nunca he pintado paredes. 

Tengo unos zancos con cuerdas atadas al cuello, soy más alto. 

Me gusta el sabor del viento, arrastra tu voz. 

Me arrastro con ella, pero a mi nadie me arrastra. 

Nunca he sabido atarme los cordones, no pienso aprender.  


4.6.20

Hielo

Siento la necesidad de que las luces se vuelvan tenues, y cada palmo de las paredes recuerde los nombres que una vez llamaron, en pleno vuelo por las cortinas que nuestros vientos tejieron, al son de cada rayo de luz que tus ojos mecían en reflejos. Desde el balcón de mis pestañas observo el tiempo que se posa entre mis piernas, con tacto de madera de cerezo, barniz antiguo, granizo en forma de pestañeo. Juego entre mis dedos con mis manos temblorosas, que retan al espacio con cada movimiento, vislumbran el esfuerzo que hace el cosmos por no desmoronarse, y deciden en silencio, acomodarse entre las notas que mi mente intenta adivinar.

Pues no es más que un sonido que explique lo que siento lo que busco, en mi mirada perdida, contemplando la inmensidad. De repente solo existo, en medio de un mundo en el que solo tú eres reina, con la corona que guardé entre mis costillas. Suena, tu voz, mi voz, y la música.

Se hacen cenizas los segundos que nos regala el segundero, y con el sombrero loco te hago una reverencia, a ti, mi reina, para que nombres mis hombros tu trono, poder levantarte y que rasgues los cielos con el pelo suelto.

El aroma que desprendes me hace preso instantáneo del lugar del que nunca tuve que marcharme, y nunca me marcho, pues si existe ese momento yo me quedo en su recuerdo hasta que el lago se congele, hasta que tus zapatos vuelvan a resbalar sobre mi piel, y patines sobre el hielo de mis besos.

Piruetas, vueltas, y más piruetas. Galopas por mi pecho agarrada a mi voz, y te convierto en lo más preciado que puedo crear con las manos atadas, un deseo de niño chico convertido en el sueño de un hombre grande.

Te reservo, cada momento en el que las luces se apaguen, todos los nombres por los que quieras llamarte, todas las capas de pintura de mis paredes, mis cortinas dejando pasar luz que ilumine mi sendero.

Tengo los dedos torpes, y quieren hacerlo perfecto. Regalarte un momento que nadie pueda cuestionar, un pedazo de verdad entre tanta mentira, y solo busco un silencio camuflado por la música que sale de mis manos, en guitarra vieja y oído desafinado, procurando que tu vista no se canse de mirarme.

Solo quiero que me mires, que el silencio se haga puente entre nosotros, que se me hunda el pecho como el corcho cuando los peces pican, que comience a llover justo cuando uno lo necesita.

Será una sombra en medio del desierto, que por un momento ninguna estrella pueda alumbrar.

Pues solo cabe una promesa en este universo, y es mi silencio, y mi música, mi soledad.

 

¿Serás la reina que gobierne entre mis cimientos?

Serás el alma que se adentre entre la guerra de las balas de tristeza, entre las calles plagadas de huellas que no llevan a ninguna parte, dando pasos que nadie pueda escuchar. Serás aquella que observe mi cielo con ternura, esquivando los relámpagos de injusticia.

Serás quien atraviese mis cortinas, como la luz, sin tocarlas, posándote sobre mi cama.

Serás aquella que yo recuerde, hasta que el lago se congele.


31.5.20

Rosa marchita



No existen dos pieles iguales, ni diferentes, ¿no crees?
No sé por qué me preguntas algo sin ni siquiera preguntarme cualquier cosa.
A veces creo que me has elegido por algo en especial, a veces creo que soy diferente a cualquiera, a veces creo que llevo mucha más luz de la que pudiese controlar. Y a veces, creo todo lo contrario.
Sigo sin saber cual es tu pregunta.
Lo único que busco son respuestas a preguntas que no conozco.
Entonces lo que buscas no son respuestas, sino preguntas. Aunque debes de saber, que toda pregunta es una respuesta ante una duda anterior, y que toda respuesta es la esencia de una nueva pregunta.
Entonces, ¿de dónde nacen las dudas y de dónde provienen las respuestas? Si no existe un principio, si todo esta conectado, si una respuesta es una nueva duda y una duda es una nueva respuesta, qué es lo que debo buscar.
A Mí, todo proviene de mí, yo soy la esencia de donde provienen todas las dudas y hacia donde van todas las respuestas. Es lógico en cierta manera, yo creé todas las cosas, y creé a todo el mundo, y te creé a ti, por tanto todas las dudas provienen de mí, y todas las respuestas acaban volviendo a mí. Algunas se acercan más a mi verdad, y otras se alejan otro poco, pero todas provienen de dudas que han sido infundadas por mi esencia en vuestras vidas.
¿Y cómo te encuentro?
Lo acabas de hacer, sin darte cuenta, sin ser plenamente consciente, incluso puede que sin quererlo. El hecho de tener dudas y respuestas, y reconocerlo, te acerca a mí. El hecho de dudar de mi existencia, ya te hace estar presente en lo más profundo de mi Ser inigualable. Debes concentrarte en tus preguntas, buscar tus preguntas, tener claro qué es lo que buscas conocer, y yo te daré las respuestas con el tiempo, en cualquier forma de comunicación. No huyas de tu incertidumbre porque así, huyes de mi, pero como bien sabes, huir de ti mismo es imposible, y huir de mi, todavía más.
Cómo se puede estar seguro de lo que uno busca sin saberlo.
Nunca lo has sabido, pero has tenido fe
Acercarte siempre implica alejarte de algún otro punto.
Si te acercas a mí te alejarás de todo, si te alejas, te acercarás a mí.
¿Y si me quedo inmóvil?
Conocerás entonces para qué creé este lugar.
¿Para morir?
Para amar a la muerte.


25.4.20

Tiempo, silencio y muerte.


Veinticuatro de abril del dosmil veinte. Parece que el mundo se ha olvidado de contar el tiempo. Me llama la atención la importancia que está cobrando y a la vez lo poco que pesa, lo poco que seguimos valorándolo. 
Mis circunstancias me obligan a ser consciente de que todo se reduce a tan solo los segundos en los que somos conscientes de nuestra propia existencia, pues no es más, ni menos, que tiempo, lo que nos separa entre la vida y la muerte. 
Tan solo unas horas son necesarias para que el mundo entero cambie, un puñado de minutos bastan para que cada ser humano se concentre en el mismo pensamiento. El tiempo es y será lo que moldee la cifras, y nosotros, tan solo meros cobardes que nos esconderemos detrás de las agujas del reloj, esquivando los dardos de culpabilidad. 
Es prueba de que el tiempo no existe el ver que todos anhelamos que avance contra cielo y tierra para conseguir lo que nuestros deseos nos hacen desear, aunque eso mismo implique cientos de muertes. 
Una sociedad sana desearía que se detuviese el tiempo necesario, como para encontrar la herida de la que brota el sufrimiento, coserla, curarla, y permitir que todo avance con la soltura con la que avanzan los ríos. 
No puedo evitar pensar en que muchos sueñan cada día con que el tiempo pase más rápido, y otros solo pueden sentir miedo de las próximas horas, de los próximos días, meses o incluso años. 
Ser consciente de la realidad pasa por ser consciente de lo que te rodea, y yo, con mis ojos de siempre, de vagabundo con casa en cada esquina y barrio por corazón, solo percibo un conflicto temporal, en medio de una enorme mole de normalidad tóxica esculpida, que ni siquiera la muerte es capaz de tambalear. 
Todo cambiará y a la vez nada será diferente, cuando volvamos a consumir nuestra dosis de tiempo irreal, nos parecerá que nada fue tan grave como parecía. 
Las cifras seguirán siendo cifras, los motivos perderán interés, las críticas se convertirán en algo molesto, las responsabilidades nunca llegarán al responsable, y todos los que sostuvieron el silencio con sus manos, permitiendo a la gente muda un periodo de reflexión, para que buscasen palabras que rompiesen cadenas, derribasen muros, y encendiesen conciencias, quedarán sepultados por ese mismo silencio una vez más, condenados a luchar contra un ruido, que borra las palabras al hablar. 

Toda destrucción es una senda para la vida. 
Pobre de aquel que muere en vano, pero más pobre aún, de aquel que vive igual habiendo sido testigo de tanta muerte. 

28.1.20

Flor

Ahora comprendo por qué la muerte me llama blanda
con ojos de cordero degollado,
por mi nombre, susurrado
aun siendo muerte descorazonada,
jamás pretende hacerme daño. 

Ahora comprendo que no me asuste y no me engañe,
que su voz sean palabras conocidas,
que me regale un aroma casi olvidado,
que no me asuste,
no sienta daño. 

La libertad me reclama a voces vivas,
y me grita: ¡no estas despierto!
por favor, tengan clemencia
no sé vivir si no es en este sueño. 

Y son mis bellas lágrimas infames y huérfanas,
las que acuden al juicio final
y me defienden como nadie me ha defendido
con la prueba irrefutable
y un susurro de sinceridad: no puede despertar. 

¡Dejadme quieto!
No me mováis,
todo me duele y nada debe moverse más,
quiero silencio, merezco calma
quiero condena en una urna de cristal. 

Soy prisionero y mi propio carcelero
soy el delito y la ley que yo decido
soy todo, y no soy nada
como un recuerdo, como una carta. 

Ahora entiendo que la vida me rehúya
y al mismo tiempo no me deje respirar,
lejos de su mano blanquecina, y pura
lejos de su pecho, de su bondad,

soy esclavo de la vida y de la muerte
condenado a vagar y divagar
entre dos mundos, a los dos perteneciente
y sin ninguno donde poder yo descansar,

son mis huesos y mi piel del frío invierno
mi corazón y mi voz siempre del mar,
mi alma entera y lo que queda de mi amor
siempre serán, eternos, como esa flor,

esa flor que permanece aunque perezca
hasta el último diente de león,
esa flor que es inmune al invierno
que late por encima del adiós,

esa flor de tallo crudo y esculpido
como de niño, un rostro angelical
y pétalos de labios conocidos
y raíces de amor incondicional

es mi alma, eterna y primavera
y yo la flor que jamás sucumbirá
pues aunque viva y muera en pesadumbre
la esclavitud, jamás me esclavizará

es mi amor el más puro de mi tierra
entregado a la muerte y a la vida
son mi voz, mis huesos y mis lágrimas
las poesías,
más sinceras,
que existirán.

11.12.19

Viento

Hoy he decidido escribirle al viento, con letras que no terminan de quedarse. En cuanto abro la ventana la lluvia asoma, con cara de calma y penuria, pidiéndome refugio, al resguardo de las tormentas. 
El pecado del artista es la mentira, y la única verdad que llega a conocer, el amor. Entre ambas se pasa la vida vagando, vislumbrando sombras que apenas terminan de definir lo que ocultaban, millones de rincones sucios, secretos que nadie entiende, pero él, al menos intenta comprenderlos. Entre mentiras descubre las resurrecciones que convierten toda su historia en la obra de arte que por mucho que lo intente, jamás podrá llegar a contar. 
El infierno del artista es su propia vida. 
Tan delicada para ser proyectada, tan pura para evitar vivirla, tan silenciosa, como la lluvia que se abre paso por el cielo hasta mi ventana, rogándome refugio, sin saber que yo también lluevo. 

Me escondo, me escondo de todo lo que no veo a simple vista. Me hago invisible a las miradas cuando todo se vuelve agua, y yo deslizo, en el filo de la destrucción más humana, me convierto en la ceniza que alimenta mi boca por las mañanas. 
Me odio tanto, y me hago daño. Me destruyo y huyo de la destrucción. En realidad imploro, a la misma fuerza que me lo quitó todo, que me devuelva un motivo de luz. 
En realidad busco refugio, junto a la lluvia, cargando con mis pecados, recorriendo mi propio infierno, creando una vida inimaginable. 

Y en medio de todo siempre apareces tú, dueña de la pausa. 
Eres un silencio cuando todo se convierte en ruido, justo una ventana en la que poder asomarme. 
Escapas a explicaciones y tampoco las necesitas. Me basta con saber que en tu mirada descubro lo que de la vida había olvidado hace tiempo. 
Que la paz sigue existiendo, y es tan real como tu rostro. Tan solo queda el miedo de testigo, de que todo lo que digo no es menos cierto, que esta vida maldita que llevo, a cuestas de mi alma. 
Presa de mis pasos y mis latidos, ensanchando el eco que gobierna impasible en el océano de mis entrañas. 

Como creador empedernido, soy capaz de lo mejor y lo peor. Desde recordarte en mi memoria para siempre, hasta olvidarte nada más doblar la esquina. 
Tan solo soy una luz perdida. 
Una prueba del milagro, que intuye que la magia existe, pero siempre duda de si es apto para usarla, y de si merece todo el castigo que conlleva, consumirla. 
Tan solo ofrezco lo que vivo, desde todas las ventanas abiertas, y que entren las lluvias del mundo. 
Que ojalá muera de tormentas en el pecho, con mis ojos de testigos, con tus ojos de vestigios de que el mar existe, y ojalá de que formemos parte de las olas. 
Que si he de nacer maldito naceré, orgulloso de la magia negra que me roe entre las venas, dueño eterno de mi dolor, cordero inocente que pasta entre la infancia, y anciano sabio que cuida de mis heridas, con el pecho pleno de cariño y las manos de bondad esculpidas. 

Que todas las palabras que dejo como huellas, sirvan de prueba de que al menos, existe un trozo de mi mundo en este mundo. Que he intentado abrir una ventana, y darle a la vida lo mismo que yo recibo, cada vez que puedo hundirme en los huecos de tus ojos. 
Que por muy vulgar que suene, aunque lo escriba infinitas veces, jamás llegaría a asemejarme. 
Que por muy vulgar que suene, solo yó sé lo que siento, y al escribirlo simplemente miento, pues es mi vida un canto tan ligero, que con el viento, las letras vuelan y ya nunca reposan en el suelo. 

29.11.19

Puerta


La historia siempre comienza en blanco y de forma intrépida, atrevida frente al océano de sangre que precipita por encima de todas y cada una de las ilusiones que componen la realidad, solo es el marco de la puerta el que marca el contorno de lo que existe, y no existe nada dentro ni fuera, ni dentro ni fuera de un marco que aprieta el edificio contra los cimientos y a los cimientos contra los marcos de las puertas que marcan las salidas y las entradas estrechas por donde pasa la vida y la muerte de forma constante, de forma lúgubre y triste, como mis lágrimas al rozarte y como mis huellas encima de la niebla y es que es la historia la que siempre empieza en blanco esperando a un verbo que la acompañe, y cuando el verbo aparece es cuando el marco se convierte en puerta y los edificios valen para algo más que demolerlos y es entonces cuando empiezo a leer hacia la cama esa historia triste y lúgubre que pasa de un lado a otro, y nunca sé cual será la última palabra que pronuncie pero siempre tengo la certeza de que todas las que leo son las primeras, me convierto en barandillas oxidadas que forman el marco de la cama que se encuentra dentro y fuera de la vida y de la muerte del marco que aprieta todo lo que existe a ambos lados de esa puerta, mientras sigo leyendo la misma historia que escribo sobre la marcha, la que me aprieta por dentro a cada palabra y me corta por fuera a cada sílaba esperando que alguien escuche lo que solo yo puedo escuchar mientras escribo lo que espero que alguien escriba pero solo yo puedo escribir mientras espero que alguien me lea lo que yo solo sé leer a un lado y otro de la puerta, a veces viva y otras veces muerta, con pálpitos y augurios huecos y golpes por todas partes de tanta vida y muerte e indecisión y ahogamiento y ansiedad de no saber a qué lado del marco que divide todo me encuentro si cierran la puerta o si la arrancan o si se cae o si la rompo o si alguien escribe una salida sin saber escribir, si alguien me lee la historia sin saber leer o si alguien la escucha sin saber escuchar siempre al borde de la realidad contemplando una escena indescriptible que solo la propia escena puede recordar, avergonzado y de rodillas ante la esencia de la vida manchada de mierda y sangre como un trozo de corazón arrancado del pecho y puesto andar sobre chinchetas y ganas de llorar por las prisas que me provoca tener que respirar al ritmo de la puerta cuando se abre cuando se cierra y no hay ventanas, se me ha olvidado decirte que no hay ventanas que necesito aire, que para leer se necesita aire, que puedo escribir ahogándome pero este sistema sin aire se bloquea y si no hay ventanas tengo que inventarlas y me hago heridas arañando las paredes porque eso es trampa porque está prohibido tocar las cosas yo solo puedo tocarme la piel y las ojeras para buscar tinta, pero es que no hay aire y entonces sigo leyendo y la cama no se mueve y sigue blanca pero sí que cambia de temperatura y me miran desde fuera pidiéndome permiso para entrar como si fuera yo alguien que pudiese negar cualquier cosa, y es el marco de la puerta el que decide quien entra y quien sale y si hace frío o calor porque la vida y la muerte no necesitan aire de las ventanas solo soy yo que no me adapto a ninguna sala pero sigo escribiendo y llorando y sangrando y leyendo la historia que todos me piden desde la cama gris y blanca y blanca y gris dependiendo del frío que me suba por los huesos, yo nunca aparto la mirada de la nuca de mis manos porque todo lo demás no es más que mundo que no entiendo que nunca yo he entendido y que nunca entenderé, como la puerta y como el marco y las ventanas y el aire que me falta y la muerte y la vida que pasan sin decir nada y la historia que le leo yo a la cama que no escucha porque se muere de pena entre los barrotes oxidados con un cadáver en las sábanas que me sirve a mí de almohada cuando las manos me duelen de intentar tocar la nada.

5.11.19

Muerte


Que si me gusta. Si me apasiona. Si me mueve.
Hace mucho tiempo que tengo la sensación de no tener respuesta para ninguna pregunta, como si todas las preguntas fuesen respuestas a otras preguntas, sin haber un final concreto.
Me duele la piel de tanto rozar con el viento. Todo lo que pienso se pudre al segundo de haberlo pensado, como si el pasado lo devorase todo a base de miedo, y cada vez tengo menos fuerzas. No consigo adueñarme de nada de lo que soy, no me veo, no me toco, ni siquiera me intuyo. Cuanto más busco, menos encuentro.
La realidad es cruda, amarga; la realidad es puro silencio inyectado en la cabeza.
El pasado me llama a cada instante, y a la vez, lo mata todo. Es mi salvación y mi condena. Realmente, soy silencio, escribo un silencio tan pesado que arrastra palabras. Ojalá pudiese volver a empezar.
Ojalá quedase una décima parte de lo que un día fue lluvia azul sobre campo verde.
A veces lloro, y no me doy cuenta. A veces me acuerdo de todo lo que olvido. A veces me duele la nieve.
A veces me dan ganas de romper todo este mundo, de quemarlo y hacer que las cenizas huyan, a veces le ruego a la vida que me perdone por ser tan cobarde, a veces tiemblo de miedo porque lo único que soy se difumina, porque no me encuentro en ninguna parte, porque todo lo que veo se esconde, porque ya no me acuerdo de quien soy.
Me estoy llenando de un dolor agudo, un dolor que nunca antes había experimentado, una muerte lenta en el corazón. Creo que me estoy muriendo, o al menos así es lo que yo identifico. Noto que me come el silencio, que todo se apaga, que no me late el corazón.
Que me estoy quedando sin palabras, yo, que todo lo que he tenido siempre, han sido palabras. Lo único que he tenido siempre, han sido las palabras, y ahora este silencio me hace odiarlas, porque devora todo lo que siento, aleja todo lo que siento, me entierra bajo toneladas de nada, me hunde en un mar que nadie ve, me limita tanto que ni siquiera soy consciente, y me hace sentir, cómo mi pecho se vuelve gris, y cómo mis pasos se esfuman en la arena, como si ya mi vida fuese tiempo sin sentido, como si ya mi existencia formase parte de la muerte, que otea en un paseo fúnebre, toda la vida que silencia, en su lecho de flores amarillentas, con temblores de manos, dientes desgastados, y plegarias que brotan de mi alma quemada, en forma de humo; intentando alcanzar el cielo.

14.10.19

Mar y luna

No he venido aqui a ser el personaje que no quiero
ni a actuar en el escenario equivocado
como el mar,
solo me visto de negro en las noches
en las que quiero verme reflejado
con el cielo,
y que las estrellas bañen mis mejillas
con pecas de pecados olvidados
guardados bajo mis caricias,
amados para siempre. 
Utilizo los naufragios de mi mente
para ponerle nombres perdidos al dolor,
utilizo los gritos ahogados de la muerte
para ponerle voz a mi ahogamiento. 
Busco, como la luna
incesante,
en medio de la nada
alguna luz que me haga ver
que mis rayos no se pierden. 
Odio el mismo sol que me ilumina
por esconder todo lo que soy
por calentar el agua que me enfría
por dar vida donde solo busco silencio,
a pesar de alejarme de la muerte
amo que me queme
porque luzco mi vientre desnudo
en forma de tregua sangrienta
que solo espera una guerra de paz
que solo espera una paz que nunca llega. 
Me duermo en medio de las idas y venidas,
desconecto las olas,
me disipo justo en el momento
en el que todo se detiene
y solo quedo yo,
inmóvil,
dueño de todo,
esclavo de la nada.