Siete rosas azules
29.5.25
Volverte a ver
24.1.25
Nostalgia
De rodillas, suplicando al humo que nunca se convierta en niebla, descubro que en la lluvia se esconde todavía tu reflejo.
De repente, en cada instante, y en cada pedazo de destrucción que acompaña al movimiento del tiempo, soy consciente de tu pelo.
Una vez más,
de rodillas, soy consciente del viento entre tu pelo.
Me he vuelto ateo por culpa de tus pupilas, jamás pensé encontrar un negro tan profundo. Y sin embargo, he rezado cada noche por dormir en tu mirada.
En el azul del cielo, donde los miedos se transforman en nubes y las nubes en rocío, he resignado todo malestar a la inercia, y en esa inercia encontré tu mano, sobre mi mano, entre mis dedos.
Jamás pensé que los bolsillos pudieran echar de menos, hasta que fue demasiado tarde para pensar.
No hay un segundo de mi existencia en que te deje de buscar.
No hay un segundo de vida en que te deje de mirar.
Sigo bajando al parque con la pelota para ver si has venido a jugar.
Sigo soñando despierto, y por mucho que duermo, no consigo encontrarte, no encuentro tu recuerdo, no consigo recordar.
Lanzo mis dedos sobre tu piel en busca de hogar, y al encontrarlo, solo deseo compartir tu cuerpo con el mío, y el mío, olvidarlo a medida que mi memoria admira todos tus balcones, tus calles, tus glorietas, tus rincones más profundos, donde sentarme a respirar, sin que termine nunca de coger aire. Sin que haga falta soltar el aire. Sin que haga falta respirar, en realidad, sin que haga falta nada más que estar, estar contigo, contigo, olvidarme de olvidar.
Dejé el pasado, abandoné el presente, y el futuro se ha convertido en un poema que jamás seré capaz de recitar.
Siempre me quedará la unión de las montañas con el mar, como recuerdo de los besos que nunca dejaré de darte.
Y mis palabras, simples palabras, porque nunca fueron mías. Ellas son los cabellos que todavía encuentro entre mi cama.
Sencillas coincidencias, que me hacen recordar que nunca existieron las coincidencias, y me hunden en la presencia de tu mar.
Me empapo, todo mi ser se vuelve tierra y tu recuerdo lluvia en una tarde de verano, hasta que el barro brota por mis mejillas, y mis manos comienzan a temblar.
Te encuentro siempre donde más intento aprender a perderte, y mi nostalgia crece regada con cosas que jamás pasaron, como un corazón de invernadero, me he conformado con una vida alimentada por otras manos, con miedo a la lluvia, y sin esperanza de llover.
De rodillas, suplicando a la niebla que me llene los pulmones, descubro tu reflejo en la lluvia que se esconde.
En cada instante, de repente, en el pedazo de destrucción que acompaña al movimiento de tu pelo, soy consciente del paso del tiempo.
Una vez más,
de rodillas, soy consciente del paso del tiempo, de tu recuerdo, de que me cuesta respirar.
10.5.24
Poco antes de dormir
16.11.23
Anciana
Es espejismo o sensación,
es un roce verdadero de verde húmedo enriquecido,
besado al barníz de luz blanca,
es realmente realidad anciana
grieta en madera de cerezo
mirada sabia, inocente
alegorías inventadas y metáforas
aferradas al miedo,
¿es de verdad tu luz?
¿es de verdad esa luz que tanto ansío?
quizás demasiado,
quizás paranoico empedernido con delirios de bondad,
la grandeza es la pena de los olmos,
sáuces en tu portal, sin número ni piso,
en mi corazón equizofrénico
invento mundos mientras deje el miedo
y escucho cielos susurrando entre la niebla
pero, ¿será esa luz la verdadera? ¿o solo es frío?
tiene que ser, será, puede ser que ser no sea tan importante como creer,
puede que estar en el lado correcto sea imposible,
sé que los posibles nacen todos de saber atardecer,
sé que las noches me incitan
a intercambiar el acierto por el desconcierto,
y desafinar en el concierto del invierno.
será tu voz buscando una señal
que pueda interpretar,
será mi ansiedad intentando averiguar
los telares de la realidad
es mi acción, voluntad liberada de culpa
con intención, lanza lanzada hacia la eternidad.
11.11.23
Vacuidad
Llueven las golondrinas atormentadas y lujuriosas, llueven, encandiladas hacia el vacío que recorre el tiempo, provocando estruendos sobre la nieve que no derrite, robando plumas de ángeles al caer
la enredadera me encadena las muñecas mi piel es seca y mi falta de armonía parece un guiño mal hecho, todo lo que un día construí, todo lo que un día dejé a medias
la única manera que te tengo, es la manera de no tenerte, la única palabra que me merezco es la palabra que no tengo, y ya al tenerla, pobre de mí, iluso intento de un intento, quién te crees que eres, sino un esclavo de este tiempo y un aduanero ante el sentir
que sin ella no eres nada y en la nada estas desnudo, y en tu soledad pierdes la cuenta de las noches y los días, las tardes son cárceles al sol que aunque caliente a mí me enfría y aunque me enfríe nunca anestesia
quiero besarte y en el beso seré tuyo, quiero hablarte y en las palabras seré tuyo, quiero quererte y en mi deseo me perderé por las esquinas en que las callen nunca se tocan y las paredes pierden la gracia que nunca tuvieron, pero ay, la pintura, todo lo pinta con la cordura que nos arrebata una pincelada vista desde cerca, la calle enmudece cuando llueve, las tormentas son el ego roto de la lluvia, dame agua para que cure mis heridas, dame algo que me llore, que me sangre, que me sienta vida, que esto es de todo menos algo que brote, que esto es un sueño dentro de una pesadilla
echo de menos ser un rio y que la lluvia me ensanche, que las palabras se me junten y que me quieran que me prefieran que sean mías y yo de ellas que no puedo vivir sin que ellas me bailen que se me rompe la profecía si me apartan la mirada, y con cada línea, cada sílaba, se hunde más en mi costado la locura y pierdo fe en que salga a superficie el rostro de mi amada, pierdo la gracia, la costumbre, la bendición de Dios, la adicción de un poeta maleante y vago, un niño roto en su prodigio y un alma triste poniéndose ante el sol
un cúmulo de aciertos equilibristas tendiendo cuerdas sobre desperfectos
arreglando grietas en los rostros del pasado
juzgando caras nuevas, asesinando la sorpresa
adivinando el porvenir y suplicando una clemencia innecesaria e inmerecida
el vacío sin final, ya no es vacío, es vacuidad
como mi cuerpo, como mis manos
como tus roces sobre todos mis pasados
como tus roces sobre todas mis esperanzas
como tus roces sobre todos mis deseos
como tus roces sobre mis miedos, sobre todo, sobre mi miedo
sobre mi ego, sobre mi amor.
9.8.23
Luz
7.7.23
7/7/23
Tímida esperanza y húmeda soledad,
miradas en idiomas diferentes, ¿qué buscas sin encontrar?
convierte mis manos en tus manos, báilame el agua
y con las gotas de mar salada de tus labios, venceré la sed
de soñar despierto, y ganarle en peso a la arena
Soledad, dime tu nombre, dime tu piel de sal y viento,
aura marina, despedidas sin fecha ni lugar,
sonrisas cortadas con droga barata,
besos a la altura de la luna, mareas
tu cadera,
mi cadera,
espuma sobre tus pechos y mis sentidos posados sobre tí,
todo lo que siento eres tú, y tú
eres todo lo que puedo sentir
Castillos de arena indestructibles, granos de arena fina
que no se pueden apelmazar,
infancias convertidas en deseos,
y qué es la infancia, si no es deseo
¿quieres jugar conmigo a la pelota?, ¿quieres ser mi amiga?
podemos enfrentarnos a esta vida,
o crearla justo a la medida, de una caricia
y otra caricia, y otra caricia,
hasta que el alma suene como suenan las rocas contra el mar,
hasta crear la espuma que baña el aire
y cada palmo de piel esculpida por los besos, de tus mejillas venceré la sed
de hacerte niña con gorro de marinero, ¿serás mujer en mi recuerdo?
serás la piel que observo lejos,
serás tú, tú serás,
mujer en mi recuerdo, un velero contra el viento,
niña en mi corazón y un sonajero con agujeros
por los que corre el tiempo y la nostalgia,
serás angustia pasajera, cariño al alba,
tímida soledad, y húmeda esperanza.
4.8.22
Háblame
Lloran los grillos en mi cabeza,
suena la hierba,
busco recuerdos muertos en memorias olvidadas,
entierro
con cada paso
las promesas falsas
que me entierran
a cada verdad
que me prometo cumplir
todo me recuerda al olvido permanente
que supone doler
por encima de las flores,
dime si sanaré
cuando la noche acabe,
dime si el día será día, otra vez
alguna vez,
si volveré a ver el sol sin miedo
a perderme el amanecer,
dime qué soy
cuándo soy
y por qué soy,
dímelo
porque he olvidado hablarme
porque todo ha muerto hace ya tiempo
y esto no es más que el llanto eterno
del verde inmortal de la vida
tornándose en cobre
si todo lo cierto acaba en certeza
mis hojas algún día serán tus hojas
pero ya no más mías
nunca más mías jamás.
Mis raíces dejarán de ser raíces
y formarán parte de la tierra,
de la misma tierra fría y húmeda
que un día me vió nacer,
que una noche me vió morir,
que una tarde me escuchó sufrir,
dime cuánto queda para ser feliz,
dime a dónde iremos cuando se acabe la fiesta,
si existe tormenta de la que podamos escapar,
dímelo porque no sé ya cómo hablarme
dímelo porque solo sé gritar,
debajo del mar,
donde solo me escuchan las sirenas
que me enseñaron a cantar
canciones que no consigo recordar,
recuerdos que intento entonar,
palabras que se me clavan en el alma,
acciones impermeables al olvido,
con cada letra
pierdo una sílaba,
con cada coma
pierdo un latido,
con cada frase
se rompe el suelo y llueve para arriba
y nieva desde dentro,
hacia un mundo
que jamás comprenderé
hacia una muerte que aterra más en vida
que en la propia muerte,
hacia una vida llena de miedo
condenada a perseguir sus gritos
sobre las olas de algún trozo de agua salada
en vaso de cristal,
de cristal hecho trizas,
costas asesinas,
piedras afiladas,
vientos que no cesan,
nubes que no paran,
mareas que no llenan,
barcos que no nadan,
niños que no juegan,
gaviotas que no vuelan,
niebla que nunca se posa a descansar.
Dime por qué hemos sido tan distintos,
dime por qué no puedo verte,
dime algo, pero dime
porque he olvidado cómo hablar,
y perdonarme
cada vez está más lejos de la costa
y sin remos ni vela
mi única esperanza,
lo único que me queda: sobrevivir, escribir y rezar.
1.7.21
Polvo
Un cementerio de uno mismo, el recuerdo de lo que un día fue algo prometedor, reposando, alejado del tiempo, sobre mi cama. Todos los sueños que persigo se desvanecen en mi mirada, todos los ojos que recuerdo forman parte de mis sueños. El cielo me llora y no soy digno de sus lágrimas, me rompe la espalda, cicatriza a destiempo, me recuerda todos los días que cada día, es un día menos, un día más, otro sueño que acabaré olvidando, otra pesadilla que se quedará a vivir conmigo, otro cementerio que cuidar, otras flores sin raíces para regar, más piedras de mármol en las que verme reflejado y no reconocerme, más motivos vanos por los que intentar encontrarme, minutos de silencio que nunca me llenan, intentos de suicidio que asesinan mi alma, la encogen, la enfrían, la vuelven transparente, y nunca ocurren.
Mis dedos no responden, tienen muerte propia, y mis brazos se rompen con cada caricia, incluso con el aliento del viento, la montaña susurra en el mismo idioma que el silencio, y es por eso que nunca la entiendo.
He perdido este juego. Jamás entendí las reglas, jamás quise aceptarlas. Jamás pensé que pudiera existir tanta crueldad, jamás quise aceptarlo.
He intentado convertir un destrozo en algo único e inigualable, y solo he conseguido un caos perfecto, en el que yo soy el único capaz de ver la verdadera energía con la que nació, y sin la que yace a morir, en eterna muerte. Las palabras nunca fueron suficiente, mis palabras nunca fueron suficiente, lo intenté, de eso no tengo duda, y no pude, no supe cómo.
He sido cómplice, verdugo, asesino, culpable e inocente, he sido uno más, en medio de algo único. Ya no busco que me comprendan, no busco entendimiento, tan solo me interesa encontrar palabras que no sean cuchillas al salir por mi boca, palabras que no sienta extrañas, que me abracen como solían hacerlo, una frase que me llene al vaciarme, un texto en el que reconocerme.
Solo he sabido vivir viviendo, y de tal forma moriré muriendo, no dejando de vivir. Solo supe hacer las cosas desde dentro, y para dentro, nunca me interesó demasiado el mundo de fuera. He buceado por los océanos recónditos de mi mente, y en ellos me perdí, como un buen pescador en zona desconocida, regalando el aliento al mar, como el mar tantas veces me ha regalado el aliento. He subido precipicios sin siquiera ser consciente de la altura, y al caer, he maldecido hasta el último pájaro, por no enseñarme a volar.
He querido saberlo todo sin aprender nada, y he querido aprenderlo todo sin saber nada, y al final, he llegado al mismo sitio, vacío, y lleno.
He rozado a Dios, y al diablo, ambos tienen vergüenza de mí. Estuve cerca de tenerlo todo, podría haberlo tenido todo, tan solo con dejar de buscarlo. Me perdí.
Perdí la calma, la confianza, el aliento y mis huellas. Y a cada paso que daba me sentía más cerca de una nueva era, que jamás llegó. Pues cuando uno se pierde la esperanza de encontrar algo sorprendente no hace más que crecer, como también crece la certeza de que nunca jamás volverás a encontrarte. Y cuanto más intenso es el miedo y el dolor, más sonríes, más celebras, más gritas, más quieres, más necesitas.
Porque estás perdido, y al perderte, todo es pasajero. Todo se esfuma al poco de haberlo saboreado. Todo es decepcionante, todo acaba por irse, todo se va.
Todo. Hasta que ya no queda nada que llorar, ni que añorar. Hasta que las piernas dejan de temblar, hasta que ya no duele, ya no puede doler, ya no lloras, no sientes que lloras, no sientes la vida yéndose, no sientes las cosas alejándose, no sientes todo lo que te rodea, que, aunque se aleje, sigue rodeándote. No. No hay nada. Excepto la única certeza que te acompaña a todas partes, de que todo lo que viviste aquellos días, que tantas vidas te ha permitido perder, ahora es polvo de estrellas cayendo al mar, brillante, incesantemente brillante, pero polvo al fin de al cabo, y mar al fin de al cabo.
Aquella nostalgia se transforma en soledad, y con ella las emociones se distorsionan, abandonan mi cuerpo para irse con las estrellas, y me quedo a solas, siempre a solas, observando esta lluvia, que más no podría doler, ni mayor belleza contener, pues no es más que todo mi corazón lo que llueve, y toda mi alma la que se hunde, brillante y pura, en un mar sin fondo alcanzable, para siempre, por toda la eternidad.
Siempre quise iluminar los rincones más oscuros de este mundo, y acabé sacrificando mi luz para intentarlo. Pues qué es la vida sin sacrificios, y qué son los sacrificios sin desear sentir la vida por tus venas, qué es el mundo sin tu mundo, qué es el dolor si ya nada te duele, qué es la alegría si no hay sonrisa sin miedo, y qué es la esperanza sin un clavo ardiendo.
El tiempo pasa, pero yo no, he vivido suficiente, no me interesa saber si es poco, mucho, bueno o malo, he vivido suficiente, para saber que sin un sentido la vida no merece la pena ser vivida.
Solo me queda la esperanza, de que cuando toda esta lluvia termine, el mar sea suficientemente benevolente, como para aceptar mi piel maltratada en sus aguas, mi peso distorsionado en su profundidad, y mi leve desaparición en su regazo, junto todas las luces que se hundieron.
Será lo último que pueda dar, mi voluntad ya muerta, en cuerpo muerto, y mi pobre esperanza de recomponer el cielo, dejándome llover, sobre la tierra y el mar, aun sin saber si en ese lecho el polvo seguirá brillando, con la voluntad tranquila, pues nunca he ansiado la luz, de hecho, viví más en oscuridad, pero con la conciencia en calma, pues le debo a mi vida que intente juntar lo que rompí, no por mí, sino por todos ellos, por el daño que hice, y el que me dejé hacer.
Volaré sin ninguna prisa, en oscuridad y luz, en perdón y penitencia, hacia la calma de mis decisiones, y descansaré eternamente, sobre todas ellas, dando todo lo que tengo, por todo lo que soy.