Lloran los grillos en mi cabeza,
suena la hierba,
busco recuerdos muertos en memorias olvidadas,
entierro
con cada paso
las promesas falsas
que me entierran
a cada verdad
que me prometo cumplir
todo me recuerda al olvido permanente
que supone doler
por encima de las flores,
dime si sanaré
cuando la noche acabe,
dime si el día será día, otra vez
alguna vez,
si volveré a ver el sol sin miedo
a perderme el amanecer,
dime qué soy
cuándo soy
y por qué soy,
dímelo
porque he olvidado hablarme
porque todo ha muerto hace ya tiempo
y esto no es más que el llanto eterno
del verde inmortal de la vida
tornándose en cobre
si todo lo cierto acaba en certeza
mis hojas algún día serán tus hojas
pero ya no más mías
nunca más mías jamás.
Mis raíces dejarán de ser raíces
y formarán parte de la tierra,
de la misma tierra fría y húmeda
que un día me vió nacer,
que una noche me vió morir,
que una tarde me escuchó sufrir,
dime cuánto queda para ser feliz,
dime a dónde iremos cuando se acabe la fiesta,
si existe tormenta de la que podamos escapar,
dímelo porque no sé ya cómo hablarme
dímelo porque solo sé gritar,
debajo del mar,
donde solo me escuchan las sirenas
que me enseñaron a cantar
canciones que no consigo recordar,
recuerdos que intento entonar,
palabras que se me clavan en el alma,
acciones impermeables al olvido,
con cada letra
pierdo una sílaba,
con cada coma
pierdo un latido,
con cada frase
se rompe el suelo y llueve para arriba
y nieva desde dentro,
hacia un mundo
que jamás comprenderé
hacia una muerte que aterra más en vida
que en la propia muerte,
hacia una vida llena de miedo
condenada a perseguir sus gritos
sobre las olas de algún trozo de agua salada
en vaso de cristal,
de cristal hecho trizas,
costas asesinas,
piedras afiladas,
vientos que no cesan,
nubes que no paran,
mareas que no llenan,
barcos que no nadan,
niños que no juegan,
gaviotas que no vuelan,
niebla que nunca se posa a descansar.
Dime por qué hemos sido tan distintos,
dime por qué no puedo verte,
dime algo, pero dime
porque he olvidado cómo hablar,
y perdonarme
cada vez está más lejos de la costa
y sin remos ni vela
mi única esperanza,
lo único que me queda: sobrevivir, escribir y rezar.
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