24.1.25

Nostalgia

 

De rodillas, suplicando al humo que nunca se convierta en niebla, descubro que en la lluvia se esconde todavía tu reflejo. 

De repente, en cada instante, y en cada pedazo de destrucción que acompaña al movimiento del tiempo, soy consciente de tu pelo. 


Una vez más, 

de rodillas, soy consciente del viento entre tu pelo. 


Me he vuelto ateo por culpa de tus pupilas, jamás pensé encontrar un negro tan profundo. Y sin embargo, he rezado cada noche por dormir en tu mirada. 


En el azul del cielo, donde los miedos se transforman en nubes y las nubes en rocío, he resignado todo malestar a la inercia, y en esa inercia encontré tu mano, sobre mi mano, entre mis dedos. 


Jamás pensé que los bolsillos pudieran echar de menos, hasta que fue demasiado tarde para pensar. 

No hay un segundo de mi existencia en que te deje de buscar. 

No hay un segundo de vida en que te deje de mirar. 

Sigo bajando al parque con la pelota para ver si has venido a jugar. 

Sigo soñando despierto, y por mucho que duermo, no consigo encontrarte, no encuentro tu recuerdo, no consigo recordar. 



Lanzo mis dedos sobre tu piel en busca de hogar, y al encontrarlo, solo  deseo compartir tu cuerpo con el mío, y el mío, olvidarlo a medida que mi memoria admira todos tus balcones, tus calles, tus glorietas, tus rincones más profundos, donde sentarme a respirar, sin que termine nunca de coger aire. Sin que haga falta soltar el aire. Sin que haga falta respirar, en realidad, sin que haga falta nada más que estar, estar contigo, contigo, olvidarme de olvidar. 


Dejé el pasado, abandoné el presente, y el futuro se ha convertido en un poema que jamás seré capaz de recitar. 


Siempre me quedará la unión de las montañas con el mar, como recuerdo de los besos que nunca dejaré de darte. 

Y mis palabras, simples palabras, porque nunca fueron mías. Ellas son los cabellos que todavía encuentro entre mi cama. 

Sencillas coincidencias, que me hacen recordar que nunca existieron las coincidencias, y me hunden en la presencia de tu mar. 

Me empapo, todo mi ser se vuelve tierra y tu recuerdo lluvia en una tarde de verano, hasta que el barro brota por mis mejillas, y mis manos comienzan a temblar. 


Te encuentro siempre donde más intento aprender a perderte, y mi nostalgia crece regada con cosas que jamás pasaron, como un corazón de invernadero, me he conformado con una vida alimentada por otras manos, con miedo a la lluvia, y sin esperanza de llover. 


De rodillas, suplicando a la niebla que me llene los pulmones, descubro tu reflejo en la lluvia que se esconde. 


En cada instante, de repente, en el pedazo de destrucción que acompaña al movimiento de tu pelo, soy consciente del paso del tiempo. 



Una vez más,

de rodillas, soy consciente del paso del tiempo, de tu recuerdo, de que me cuesta respirar. 

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