Llueven las golondrinas atormentadas y lujuriosas, llueven, encandiladas hacia el vacío que recorre el tiempo, provocando estruendos sobre la nieve que no derrite, robando plumas de ángeles al caer
la enredadera me encadena las muñecas mi piel es seca y mi falta de armonía parece un guiño mal hecho, todo lo que un día construí, todo lo que un día dejé a medias
la única manera que te tengo, es la manera de no tenerte, la única palabra que me merezco es la palabra que no tengo, y ya al tenerla, pobre de mí, iluso intento de un intento, quién te crees que eres, sino un esclavo de este tiempo y un aduanero ante el sentir
que sin ella no eres nada y en la nada estas desnudo, y en tu soledad pierdes la cuenta de las noches y los días, las tardes son cárceles al sol que aunque caliente a mí me enfría y aunque me enfríe nunca anestesia
quiero besarte y en el beso seré tuyo, quiero hablarte y en las palabras seré tuyo, quiero quererte y en mi deseo me perderé por las esquinas en que las callen nunca se tocan y las paredes pierden la gracia que nunca tuvieron, pero ay, la pintura, todo lo pinta con la cordura que nos arrebata una pincelada vista desde cerca, la calle enmudece cuando llueve, las tormentas son el ego roto de la lluvia, dame agua para que cure mis heridas, dame algo que me llore, que me sangre, que me sienta vida, que esto es de todo menos algo que brote, que esto es un sueño dentro de una pesadilla
echo de menos ser un rio y que la lluvia me ensanche, que las palabras se me junten y que me quieran que me prefieran que sean mías y yo de ellas que no puedo vivir sin que ellas me bailen que se me rompe la profecía si me apartan la mirada, y con cada línea, cada sílaba, se hunde más en mi costado la locura y pierdo fe en que salga a superficie el rostro de mi amada, pierdo la gracia, la costumbre, la bendición de Dios, la adicción de un poeta maleante y vago, un niño roto en su prodigio y un alma triste poniéndose ante el sol
un cúmulo de aciertos equilibristas tendiendo cuerdas sobre desperfectos
arreglando grietas en los rostros del pasado
juzgando caras nuevas, asesinando la sorpresa
adivinando el porvenir y suplicando una clemencia innecesaria e inmerecida
el vacío sin final, ya no es vacío, es vacuidad
como mi cuerpo, como mis manos
como tus roces sobre todos mis pasados
como tus roces sobre todas mis esperanzas
como tus roces sobre todos mis deseos
como tus roces sobre mis miedos, sobre todo, sobre mi miedo
sobre mi ego, sobre mi amor.
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