20.10.20

Margaritas

Tengo que buscar las palabras adecuadas. Las botas se me mojan por dentro y me da miedo que se me olvide cómo andar. Me quedo sin tabaco, me quemo los dedos, me mojo los ojos con agua estancada, lloro paraguas rotos. 

Las personas no existen, no existen las personas. Yo, tú, él. Ella no existe. No quiero que exista. 

Bajo barrotes continuamente y vuelvo a subir el óxido a su sitio, todo ordenado. Todo en su sitio. 

Cada cosa en su lugar. No os mováis. 

Intento sacarme los clavos de las plantas de los pies con las uñas pintadas. Mi abuela me pintaba las uñas y odiaba el olor a esmalte. Le daba dolor de cabeza. 

Cuando entro en casa sigo escuchando los pasos de mi perra, pero está muerta. Sabía que iba a morir y no bastó para que no muriese. 

¿Si sabía que se iba a morir por qué se murió?

Ahora cuando lloro ya no pienso en nada, ahora lloro de verdad, y no me gusta. 

Lo he dado todo por esas margaritas, esas margaritas de ahí del césped de debajo de tu ventana que no tiene huellas que nadie ha pisado nunca. Ese trozo de paz envuelta en Madrid, en mierda. 

No crecen, las margaritas no crecen porque nadie les arranca los pétalos. 

Sillones de cuero barato, autopsias mentales, vómitos de odio. 

Las margaritas no crecen porque no tienen tallo. 


Quién quiere palabras teniendo letras. Ahora solo me sale escribir con las letras porque se me olvida lo que significa cada palabra porque se me ha roto el corazón de la infancia y tengo todo el suelo lleno de letras. Solo puedo hablarte con letras. 

Para mi lo son todo y siento que nunca digo nada. 

Estaba jugando con una chincheta y me la he clavado, pero me he aguantado las ganas de llorar, me daba vergüenza que viesen que soy tan débil como ellos. 

Me he agachado a hacer una bola de nieve para tirársela al coche de mis padres, y ellos gritaban desde dentro. Sin escuchar nada aprendí que jugando te pueden matar. 

Nunca he terminado ningún puzzle, ni lo voy a hacer. 

Está empezando a llover, tengo heridas en la cabeza que no sangran. Hay tormenta, a mi perra le dan miedo las tormentas. Ahora me dan miedo las tormentas. 

Ahora la lluvia me enfada. 

Me preocupan cuatro cosas, mi vida cabe en mis bolsillos. 

Mi vida son las manos que han tocado lo que yo no he podido llegar a sentir. 

A ti te lo cuento todo, y no sabes el odio que te tengo. 

Si no fuese por ti, ella estaría viva. Porque lo tienes que saber todo. 

Si no fuese por ti, ella estaría muerta. 

Creo que ya llega el autobús, esta vez conduzco yo.

Me sabe la boca a metal, me sangran las encías. No es la primera vez que meo sangre. 

Con mi abuela jugaba a las cartas y al dominó. Yo siempre hacía trampas. 

Mi hermana es buena, pero no es una buena hermana. 

La luz blanca entera para mí. Entera. Que me queme. 

Yo ya tengo adornado el sótano, pero nunca he pintado paredes. 

Tengo unos zancos con cuerdas atadas al cuello, soy más alto. 

Me gusta el sabor del viento, arrastra tu voz. 

Me arrastro con ella, pero a mi nadie me arrastra. 

Nunca he sabido atarme los cordones, no pienso aprender.  


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