El arte. El arte solo es un recordatorio de que merece la
pena vivir, y a la vez es el sustento de aquellos que aun desean creerlo, aunque
no les queden esperanzas. Escribir siempre ha sido mirarse a uno mismo a los
ojos. No puedo evitar sentir asco y miedo cada vez que dejo que mis manos suelten
alguna de las palabras que tanto cuidan. He soñado que despertabas dormida
paseando por mis dedos, que todas las cortinas se subían a la vez y la luz no me
quemaba. He encontrado en las grietas del espejo todas las cornisas de las
ventanas por las que casi salto, y acabé mirando al sol y su romance con la
luna. Sé que me cuesta poner los pies en la tierra, pero también sé que no
todas las palabras tienen que ser bonitas, que quizás deba perder el miedo a
vivir sin la belleza, precisamente para poder volver a sentirla. Busco entre
desiertos que se adentran por mi boca y me hacen escupir decisiones que nunca
podrán convertirse en océanos, procuro ser aquel que un día me prometí ser, me
disperso y me agobio y reprimo las ganas tremendas que tengo de gritarle a la
vida que se detenga, o que al menos mire atrás, que necesito atarme los
cordones y se me ha olvidado como hacerlo. Podría contarte vidas que jamás
llegaré a vivir, por cada vez que mis ojos se cierran se levanta ante mi un
escenario en el que procuro dejar de actuar cuando me noto la voz cansada,
cuando mis palabras dejan de sonar como verdades. Nunca había dedicado tantos
silencios a nadie.
Me asusta que el mundo sea un sitio oscuro y me asusta
todavía más pensar que la oscuridad ahora vive dentro de mí. Una vez todas las
luces se fundieron y no encontraba las paredes, el suelo se partió, y todo se
hizo negro. Hubo una vez en que perdí todas las piezas y ahora lucho cada día
por mantener en marcha un cuerpo que aun enamorado de la vida, a veces tontea
con la muerte.
Desgasto mis pilares pensando que son eternos, me centro en
los errores y omito los aciertos, he pensado que quizás todo esto no sea más
que un sueño que me libra de estar despierto.
Un sueño en el que el miedo a dormirme es el que no me deja
despertar.
Creo que hay verdades que ningún ser humano está preparado
para contar, pero aun así debe contarlas alguien. Creo que la muerte sabe a
miedo, y que la vida huele a sol por la mañana, y lluvia en una noche de verano.
Solo me bastan unos milímetros para sentir la inmensidad al
alcance de mi mano, creo que hay cosas que deben suceder, me obligo a pensarlo
porque llevo media vida convenciéndome de que hay cosas que nunca llegan.
Lo cierto es que no es tanto, ni mi talento ni todo lo que
guardo, que creo que a veces tengo demasiadas creencias, que quizás empezar de
cero no sea algo descabellado.
Se me olvidan muchas letras, siento ganas de llorar, porque en
el fondo sé que no se me ha olvidado escribir, en el fondo sé que lo que se me
ha olvidado es respirar.
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