30.4.18

Por romper el infierno


Si supieras que el sonido de las letras te pertenece.
Si escucharas lo que pienso, todo el ruido de mi mente.
Si pudieses bañarte en el mar en el que mojo todos mis poemas.
Si vieses cómo lloro al pensar en ti.
Si pudieses oler lo sucio que tengo el pelo por el humo.
Si acariciases mi brazo izquierdo por última vez.

Si mirase al cielo pensando en ti,
quizás entonces vería alguna estrella nueva.
Si supieses la de canciones que llevan tu nombre,
nunca dejarías de cantar.
Si entendieses lo que yo no entiendo,
si vieses mis miedos, si pudieses verlos.

Sabrías que en el pecho guardo cada beso,
y en mi memoria cada minuto a tu lado como si fuese un secreto.
Que mis dedos escriben con miedo por si se olvidan de algo.
Que cuando estoy triste pienso todas en las veces que me diste la mano,
y agradezco hasta el más mínimo gesto.

Sé que te enfadarías si supieses que fumo por nostalgia,
y sé que estas palabras se las acabará llevando el viento.
Quizás me repita demasiado, y puede que tenga que aprender a escribir de nuevo, en un nuevo lienzo.
Quizás vea incierto el destino, de la misma forma en que veo jodidamente cierto el pasado.
Puede que tenga que podar mis alas para que crezcan con más fuerza,
puede que nunca haya aprendido a volar con poco esfuerzo.
Desde luego, aterrizar nunca se me dio bien.

Esta noche escribo palabras a tientas, sobre la espuma.
Como quien lanza botellas vacías esperando a que algún náufrago les brinde algo de vida.
Y solo el tiempo, el maldito tiempo de siempre,
acabará decidiendo si todo esto es verdad, o tan solo un delirio más de tantos ya perdidos.
Sólo el tiempo será testigo directo de un brote de vida en el desierto, o un asesinato a cámara lenta, sobre papeles mojados y dedicatorias tachadas.
Con el estómago vacío se piensa más despacio,
y mido cada coma con el diámetro de tus ojos,
mido cada palabra con la apertura de tus labios,
y mido cada día con lo que crece y lo que cae sobre la tierra.

El tiempo hablará cuando le plazca, y pondrá nombre a todo esto
me dirá al oído si ha llegado la hora de que leas estos versos.
El tiempo será dueño de mi vida en este instante, a pesar de que la vida sea vida para siempre.
La prudencia podrá traducirse en la rendición de la muerte.
El miedo volará, y mi cama ya no se quejará por las noches.
Podré ser yo el que te lea antes de dormir, todas las historias que he creado en tu ausencia.
Tendré en mi mano un pedazo de hielo que el cielo mirará con envidia, como si le hubiese arrebatado el corazón.
Y creceré, como crecen los recuerdos, como crecen las expectativas.

Pero hoy,
si supieses que el sonido de las letras te pertenece,
si escucharas lo que pienso, todo el ruido de mi mente,
si pudieses bañarte en el mar en el que mojo todos mis poemas,
si vieses cómo lloro al pensar en ti,
si pudieses oler lo sucio que tengo el pelo por el humo,
si acariciases mi brazo izquierdo por última vez,
seguiría siendo un hombre afortunado,
por haber compartido contigo un capricho de los relojes.
Por poder escribirte, aunque no me leas.
Por conocer tu sabor
y tu olor,
y la ilusión con la que miras a la vida
y tus ganas inmarcesibles de vivir, como tú sabes,
sin jamás rendirte, sin dejar de ser,
ni de permanecer.
Por haberte conocido en medio de todo esto,
por haberte hecho ver luz en la oscuridad,
por esos abrazos tan largos que me llenaban el alma,
y me hacen sentir todavía hoy,
tu corazón pegado al mío.
Por haberme permitido desafiar al miedo,
por demostrarme que la confianza es lo más bonito que existe.
Por haberme dado tantas letras
y tantos versos.
Por todos esos momentos en los que sólo necesitaba fundirme contigo,
por unas semanas de primavera,
por romper el infierno,

Por vivir en el cielo.
Por dormir en el cielo.

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