2.5.18

23:13

El viento salado me susurra que debo mirar hacia arriba, sin embargo, mis ojos saben que solamente son palabras intentando reflejar el dolor de ir sin frenos para poder respirar.
Hace tiempo que no encuentro los sentimientos correctos, ni las letras que consigan convencerme de que merece la pena seguir adelante. Tengo momentos, en los que pienso en todas las cartas que le dediqué al futuro, al pasado, y a la posibilidad de acabar con todo.
Hay veces, en las que tuerzo la cabeza y veo una senda de errores que me empujan a tomar el camino de tachar todo lo escrito, para no sentir vergüenza el día en que me lean.
Hay veces que me veo tan débil y tan roto que ya no se me ocurren más formas de arreglarme. Sencillamente, me estoy consumiendo del todo, me estoy quedando sin fuego, me acabo y no encuentro ni salida, ni entrada, porque no sé dónde estoy, ni de dónde vengo, y mucho menos dónde cojones voy a acabar a este paso.
He pasado tanto tiempo creyendo que era especial que se me había olvidado el olor a mierda y mediocridad. Nadie te avisa al nacer de que soñar demasiado al final te borra la memoria.
Lo cierto es que no valgo una mierda, porque no hay una parte de mí que no sienta miedo, no hay un rincón de mi alma que siga limpio, no hay un puto segundo en el que mi cabeza se sienta en casa.
Y me duele vivir, sin saber siquiera por qué estoy llorando al escribir esto, sin saber los motivos por los que no consigo ser uno más de la multitud pero tampoco soy capáz de destacar en algo que no sea vomitar todo lo que llevo dentro, que cada vez es menos.
Miento cuando escribo poesía, porque en mi vida he sabido querer a las rimas, porque rompo todo lo que toco, y todo lo que me toca me acaba rompiendo.
Qué se supone que debo buscar aquí, quién se supone que debo ser, qué tengo que hacer con mi vida, cómo y cuándo tengo que morir.
Lo único cierto en todo esto es que no sé quién soy, que a cada minuto que pasa siento como la vida me ahoga un poco más y me recuerda, que es todo mentira.
Que a quién pretendo engañar, si ni yo soy capáz de escribirme por dentro, si lo único que veo cuando cierro los ojos es oscuridad.
La misma que no me deja dormir, y que me hace tenerle tanto miedo a la luz y al recuerdo de tus ojos.
Siempre te cuelas en todo lo que escribo.
Me pregunto si después de darlo todo por alguien llega algún momento en el que lo puedas recuperar.
Quizás sea cierto lo que me dice la vergüenza, que no soy bueno para nadie, y mucho menos para mí.

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