5.11.19

Muerte


Que si me gusta. Si me apasiona. Si me mueve.
Hace mucho tiempo que tengo la sensación de no tener respuesta para ninguna pregunta, como si todas las preguntas fuesen respuestas a otras preguntas, sin haber un final concreto.
Me duele la piel de tanto rozar con el viento. Todo lo que pienso se pudre al segundo de haberlo pensado, como si el pasado lo devorase todo a base de miedo, y cada vez tengo menos fuerzas. No consigo adueñarme de nada de lo que soy, no me veo, no me toco, ni siquiera me intuyo. Cuanto más busco, menos encuentro.
La realidad es cruda, amarga; la realidad es puro silencio inyectado en la cabeza.
El pasado me llama a cada instante, y a la vez, lo mata todo. Es mi salvación y mi condena. Realmente, soy silencio, escribo un silencio tan pesado que arrastra palabras. Ojalá pudiese volver a empezar.
Ojalá quedase una décima parte de lo que un día fue lluvia azul sobre campo verde.
A veces lloro, y no me doy cuenta. A veces me acuerdo de todo lo que olvido. A veces me duele la nieve.
A veces me dan ganas de romper todo este mundo, de quemarlo y hacer que las cenizas huyan, a veces le ruego a la vida que me perdone por ser tan cobarde, a veces tiemblo de miedo porque lo único que soy se difumina, porque no me encuentro en ninguna parte, porque todo lo que veo se esconde, porque ya no me acuerdo de quien soy.
Me estoy llenando de un dolor agudo, un dolor que nunca antes había experimentado, una muerte lenta en el corazón. Creo que me estoy muriendo, o al menos así es lo que yo identifico. Noto que me come el silencio, que todo se apaga, que no me late el corazón.
Que me estoy quedando sin palabras, yo, que todo lo que he tenido siempre, han sido palabras. Lo único que he tenido siempre, han sido las palabras, y ahora este silencio me hace odiarlas, porque devora todo lo que siento, aleja todo lo que siento, me entierra bajo toneladas de nada, me hunde en un mar que nadie ve, me limita tanto que ni siquiera soy consciente, y me hace sentir, cómo mi pecho se vuelve gris, y cómo mis pasos se esfuman en la arena, como si ya mi vida fuese tiempo sin sentido, como si ya mi existencia formase parte de la muerte, que otea en un paseo fúnebre, toda la vida que silencia, en su lecho de flores amarillentas, con temblores de manos, dientes desgastados, y plegarias que brotan de mi alma quemada, en forma de humo; intentando alcanzar el cielo.

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