6.5.19

siete cero seis

"sembrar el germen del vicio y la lujuria
entre las cenizas de los besos que te debo
como una lágrima que llora entre la niebla
recordando las noches de tormenta
de vicio, lujuria y cenizas
de corazones empañados de dolor"

19:06
Soy incapaz de dejar historias a medias, a pesar de vivir a su costa. Últimamente tiemblo de miedo cada vez que escribo, me persigue el pasado en forma de aliento húmedo sobre la nuca, y me aplasta el futuro como pensamiento que no soy capaz de dejar de pensar. 
Me he aburrido de las normas de este juego, y eso que no hago más que perder. ¿Realmente sirve de algo ganar?
Soy incapaz de no salirme con la mia. Mi ego se alimenta del éxtasis que produce conquistar, entender, poseer y moldear. Sin embargo, mi ego no es más que un mártir de mi pereza, un esclavo del aburrimiento, un adicto sin remedio que busca desesperadamente su dosis en medio de un mar de sustancias y curas, cada cual más dañina, cada cual más especial. 
Es cierto, cuanto más tengo, más necesito, y lo peor es que no sé qué es. 
Cuanto más consigo, más vacío me siento, tan vacío que ya no busco las palabras adecuadas que creen un marco artístico. Tan vacío que he perdido de vista el punto de partida y ya no puedo parar. 
A veces sueño, con poder frenarme y abrirme el pecho para que entre la luz del sol, el aire y el agua fresca. Para que se limpie. A veces pienso que existe una cura. 
Pero en realidad, soy consciente de que en este mundo de sombras todo pertenece al gris. Que no hay exactos, ni soluciones milagrosas. A veces es peor el remedio que la enfermedad, por los riesgos que éste conlleva. 
No puedo permitirme hacer más grandes mis heridas. No puedo permitirme volver a caer desde tan alto. 
Ahora que el fango es el sustrato de mis pasos, debo aprender a caminar por él. 
Ya no quiero salir volando hacia la luz. Ahora reniego de mis alas, y me entrego al mundo terrenal. Al mundo del placer, del vicio y la lujuria. A mi adicción maldita, a la enfermedad. 
Ahora, es el momento de romper con la esperanza, hasta olvidarme de que existe. 
Quizás así, y solo así, consiga renacer entre las cenizas de los besos que te debo, como una lágrima que llora entre la niebla. Quizás, convirtiéndome en las tormentas de aquellas noches, quizás lloviendo vicio, cenizas y lujuria. Quizás consiga empañarme el corazón, con un dolor, que me haga sentirme como en casa, devolviéndome a la vida

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