Será que las tormentas siempre tienden a juntarse,
como dos agujeros negros que acaban siendo uno.
Será como el mar y la lluvia, inseparables, pero siempre distintos.
Nos separa una eternidad y a la vez no soy capaz de percibir esa distancia.
Mire a donde mire únicamente veo parecidos, y eso me asusta, me asusta pensar que la furia del mar también viva en el cielo.
Que cualquier día me pueda llover una marea entera.
Que granicen corales, barcos llenos de gritos, botellas con mensajes sin destinatario, espuma y sal.
Será el arte de la destrucción, partícipe de las mayores construcciones.
Como la luz a la oscuridad, la distancia a las ganas de juntarse.
No me quiero quedar ciego, tampoco no poder dejar de ver jamás.
Será que los extremos no son más que el límite de los parecidos, donde todo se toca, todo encaja, todo es todo, pero solo durante el instante que dura la eternidad, y la eternidad que dura un instante.
Será que aquí dentro nunca deja de llover, y a la vez no crece nada.
Como un agua que seca. Una bebida que da sed.
Un beso marcha atrás.
Unas manos que al juntarse se separan.
Será ese mismo sentimiento el que defienda a pesar de que solo busque destruir mis pilares de madera.
Como dos tormentas al juntarse, como dos gotas de agua siendo una, destinada a separarse.
Es así, la vida que yo vivo, y la única que siento vida.
Es así la muerte que deseo, tan extrema, que jamás muera del todo.
Un fuego tan caliente que me enfríe, un frío tan intenso que me haga arder.
Una capacidad sin límites ante el vértigo, y una caída que nunca acabe.
Una cadena eterna de plata, que esquive todas las certezas que poseo, y me lleve, como un niño, por toda la senda de la mentira.
Aquel camino que nadie camina, por miedo a no saber volver.
Aquel camino que solo se camina si no deseas volver.
Aquel camino que no se camina, que te convierte en las baldosas, en barro, en charcos. Lo más humilde del movimiento.
Y la prueba son recuerdos, mucho más reales que la vida, mucho más falsos que la muerte.
Será, como todo, cuestión de tiempo y perspectiva.
Cuestión de límites y realidades.
Cuestión de extremos parecidos, de latidos enfurecidos, y llantos bondadosos y humildes.
De siempres y nuncas.
De tormentas de sol y quemaduras de lluvia.
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