4.1.19

Perspectiva

Voy a sincerarme. 
Tengo los reflejos de mi mente delante de mi, mire a donde mire los veo, si cierro los ojos los veo, pero en cuanto fijo la mirada desaparecen. 
Cuando fijo la mirada y mis pupilas se dilatan, el tiempo se contrae, se vuelve diminuto, y yo me encojo hasta caber en la palma de una mano. 
Cuanto más me acerco a la verdad más falsa me parece. 
El caso, es que las palabras siempre me han dado miedo, por eso las escondo, por eso las maquillo, las hago bailar, con metáforas, con comparaciones obsesivas a modo de capa negra sobre mi pensamiento. Miento para decir la verdad, y al final, acabo diciendo verdades para mentir. 
Acabo diciendo todo aquello que me gustaría decir cuando no soy diminuto, cuando el tiempo no se frena, cuando la palma de la mano se me queda pequeña. 
Pero al decirlo nadie me escucha, porque nadie me ve con tanto ruido alrededor. 
Al final, siento que tengo que hacer trucos de magia para no perderme, representar obras enteras con un solo cuerpo, hacer peliculas enteras en mi cabeza, escribir novelas que nadie leerá. 
Al final, siento un poco por incercia, cuando en realidad lo único que pasa en mi interior es ese instante en el que todo se termina y nace a la vez, como un fénix sin alas que no puede escapar de su propio fuego, y vive y muere condenado a la vida y a la muerte. 
Por eso cuando fijo mi mirada todo sube, pero todo baja, todo explota y se construye a la vez, me ahogo y respiro aire puro, me quemo y me congelo, me muero, y resucito. 
Mis pupilas se dilatan ante tantas imágenes contradictorias, historias que veo pasar por delante de mis pasos, profecías que viven en mis huellas. 
Lo cierto es que nunca estoy seguro de nada de lo que llego a ver, porque siempre hay más detrás, y delante, y todo lo que existe en el medio de las circunstancias es invisible a los ojos. 
Por eso me siento. Me siento, sin más ni menos ni nada parecido. 
Me siento porque siento ese eterno equilibrio del que brota la nada. 
Al sentirlo, dejo de sentirme cada vez más. 
Vuelvo a mi mano, observando las vistas, el frío y el calor que me abriga. Vuelvo a mi hogar invisible en el que de vez en cuando existen testigos que no pueden explicar lo que se vive. 

Vuelvo al mundo que existe entre los mundos, a mi corazón, a la duda y la certeza completa de que lo único que me mueve en esta vida, es el movimiento constante, y la ilusión de una calma que me permita ser consciente de todo esto. 

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