Dientes y sangre.
Manchas de vida,
vidas manchadas con ojos en blanco.
Dientes y sangre,
chocándose,
chirrían,
se muerden,
y sangran.
Dientes de sangre.
Me muerden.
Me atrapan.
No sueltan.
No quiero que me suelten.
Nunca aviso cuando suelto.
Nunca aviso cuando muerdo.
Nunca aviso cuando estoy sangrando.
Nunca sangro delante del espejo.
Estás demasiado lejos.
De mi. De mi reflejo.
De mis dientes de sangre.
Dientes y sangre.
Por todas partes, solo quedan dientes y sangre.
Blanco y rojo, el aroma de la muerte es blanco y rojo.
Mis pasos siempre son impares.
Me tengo que marchar, me tuve que marchar.
Camino para atrás, pero camino.
Planto polvo y ceniza, cultivo incendios.
Me tengo que ir ya, llego tarde.
Tengo una cita, con dientes y sangre.
Déjame entrar, en tu caja de pino.
Haz que la tierra me arda en los ojos.
Dame agua, dame agua seca para enamorarme del alcohol.
Dientes y sangre.
Venas de marfil, boca de serpiente.
Tengo hielo en las pestañas.
Se me caen los deseos del techo.
He perdido los cordones.
Me ato a las llaves, me da miedo cerrar mal.
Dientes y sangre. Golpes de cristal.
Mundos aparte, en mi bolsillo de silencio.
Dame otro cigarro, ya me cuesta respirar.
Es el frío en los pulmones que me quema.
Escucha.
Los pasos.
De la noche.
Me pasa por encima como un tren lleno de gritos.
No te oigo, no te quiero escuchar.
No te escucho, solo quiero oir tu voz diciendo mi nombre.
Los pilares del invierno saben a óxido.
A dientes y sangre.
Bordillos desgastados.
Gargantas en los nudos.
Miradas perdidas, horizontes de ojos azules.
Dientes y sangre.
Y lágrimas de mar.
La tristeza contenida en mil botellas de cristal.
Nunca dejo de beber.
Necesito silencio, deja de gritarme sin decir nada.
Háblame para que cese el ruido.
Pronuncia estas palabras para que todo el mundo se calle.
Dientes y sangre, dientes de sangre.
Venas de marfil, bocas de serpiente.
Dientes y sangre.
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