He viajado a través de los confines de tus dedos, atravesando los océanos de lágrimas, arrepintiéndome de adentrarme en los desiertos de tus manos vacías, y dejándome caer desde lo más alto de los precipicios que habitan en tus pupilas.
He conocido a los gigantes de piedra que viven en tus silencios, y he charlado con ellos durante horas bañadas de estrellas.
He marcado cada miedo que me contabas en mi mapa para nunca perderlos de vista.
He cambiado canciones para que el viaje nunca se me hiciera aburrido.
Me he perdido, y me he encontrado, dentro y fuera de ti.
He descompuesto el tiempo en compases perfectamente sincronizados con nuestra respiración. Y me he dado cuenta de que él también duerme cuando nadie mira.
Por eso siempre parecía que contigo las horas volaban, o por el contrario, caían con todo su peso muerto en forma de recuerdo sobre las baldosas grises.
He mezclado tanto alcohol que creo que he descubierto una fórmula mágica para borrar las pesadillas.
Pero siempre me quedará la asignatura pendiente de dejar de mezclar recuerdos y personas en un mismo tiempo y una misma cabeza.
He dejado de creer en el amor.
Para ver si así se digna de una puta vez a dar la cara y dejar de huír.
He llegado a pensar que nada tenía sentido, y tras pensarlo bien, me he dado cuenta de que tenía razón.
Pero eso no es nuevo, tú ya lo sabías.
Ya te dije que somos las personas las que decidimos si algo tiene sentido o es tan solo una locura.
Somos nosotros los que inventamos el amor.
Y yo, después de tanto hablar, y de escribir, me lo cargué.
Así, porque quise. Porque me apetecía.
Porque llevaba media vida idealizando las propias ideas y llega un punto en el que los huevos se te hinchan demasiado.
Y las palabras bonitas se convierten en puñales.
Y uno se cansa de ser el único que acaba llorando en medio de la comedia romántica.
No.
Ya no.
Ya no me pilláis.
Si quiero escribo sobre el amor, y compongo versos que os hagan soñar a oscuras, pero yo no quiero seguir cerrando los ojos por miedo a darme cuenta de que lo que me esfuerzo por no ver me va a hacer temblar de jodido miedo.
Porque las verdades joden, pero también acojonan.
Y yo estoy temblando y rechinando los dientes porque os juro que lo que veo es tan real que hasta hemos contruído una realidad opuesta para esquivarlo.
Pero qué va.
Esto no se esquiva. No se puede.
Nosotros inventamos el amor.
Pero también inventamos a Papá Noel y todos sabemos que no existe.
Ni los Reyes Magos.
Ni el Ratoncito Pérez.
Ni la igualdad, ni la libertad.
Qué coño, ni la democracia.
Lo cierto es que nada de lo que hemos creado existe más allá de nosotros.
Y nos hemos alejado tanto de lo que somos que ya no tenemos ni puta idea de cómo volver a empezar.
Cómo amar si no sabemos siquiera si el amor existe.
Si estamos como el niño ese que duda de si existen los reyes pero la otra noche juró haber escuchado las pisadas de los camellos.
Que sí, que los camellos existen, pero nunca han pisado el salón de tu casa.
Así como el amor también existía, pero nunca ha existido para convertirse en una excusa para legitimar el miedo a la soledad.
Nunca ha existido para ocultar las ansias de poder.
Nunca ha existido para convertirse en el pretexto de guerras santas.
Nunca ha existido para darnos el poder de decicir quién es digno de amor y quién no.
Nunca ha existido para convertirse en un San Valentín. Ni en las películas de Disney.
Ni para el matrimonio.
Ni para el control. Ni para el machismo.
No ha existido para la monogamia.
No ha existido para convertir un ser humano en media naranja.
No ha existido para hacernos dependientes.
Existió, como causa natural, para darnos vida.
Para hacernos libres.
Y fuertes.
Independientes.
Empáticos.
El amor nació para unir a la humanidad y no solo para unir a dos seres humanos.
Así que ya te digo, que me cansé de vivir con miedo al miedo.
Me cansé de amar por obligación. De no entender mis celos.
De no entender el origen de mis sentimientos.
De sentirme una marioneta de algún tipo de dios todopoderoso llamado Amor.
Que todo lo puede, que todo lo sabe.
No señores, nosotros creamos el amor.
Porque aunque nos han enseñado que es algo que viene solo, que o lo sientes o no lo sientes.
Lo cierto es que lo que sentimos se condiciona a lo que vivimos.
Y lo que vivimos se condiciona a nuestras acciones.
Y si no actuamos en función a cómo nos gustaría amar, acabaremos amando posibles imposibles, y a eso, lo llamaremos amor.
A la idealización.
Al milagro.
A las almas gemelas.
Al amor de tu vida.
A tu media naranja.
A quien ni siquiera elegiste amar.
Sino simplemente amaste por casualidad.
Porque tocaba y se adaptaba a tus sueños románticos.
Y quizás algún día te des cuenta de que no se corresponde a lo que verdaderamente necesitas, o quieres.
Igual llega el día en el que dejas de sentirte solo y te das cuenta de que esa persona ya no te hace sentir el ser más afortunado de la tierra.
Sino que simplemente te hace sentir cuidado y escuchado, o querido, pero joder, menuda puta mierda, dónde está mi cuento de hadas con finales felices y perdices y mi jodido amor de Titanic que necesito uno así que sino esto no es amor tío que no merece la pena y te rayas porque te sientes culpable de no cumplir tus propias expectativas y te alejas y paras.
Y piensas.
Y por qué me tengo que alejar de una persona que me hace bien.
Por qué me tengo que olvidar de alguien a quien he otorgado tanto cariño.
Por qué tengo que pasar página.
Por qué debería de sentir todas esas cosas si lo único que consiguen es que tenga miedo de dejar de sentirlas.
¿Y si el amor no es lo que me dijeron?
¿Y si el amor ya existía y a mi me han vendido una copia en mal estado?
Y te sientes estafado, y te entra un cague de cojones porque ves que todo va encajando.
Que el control es una ilusión y las personas estamos destinadas a ser libres.
Que amar no es poseer, sino cuidar y apoyar.
Que cada persona tiene su propio aprendizaje y es imposible ir a la par.
Que cada uno tiene que vivir sus vidas y lo mejor que podemos hacer es disfrutar de esos cruces de caminos.
De las personas, y no las expectativas que les hacemos cargar.
De abrirnos y dejar de alimentar miedos.
De reconocernos ignorantes.
De intentar, por una vez, ser dueños de nuestro destino.
Y ahí es cuando se te hinchan los huevos y mandas al amor a tomar por culo.
Y paradójicamente es cuando empiezas a sentir que amas de verdad.
Y lo sabes porque cuesta, porque tienes un camino inmenso por delante.
Y muchas cosas por desaprender.
Pero te lo cargas, te cargas el amor, y te conviertes en él.
Ahora tú eres Amor.
Y tú eres quien todo lo puede.
Quien verdaderamente puede conseguir amar como se lo proponga.
Luchad por vuestro amor, construíd vuestro amor.
Con cariño y bondad.
Porque eso es todo lo que sois.
Uno es cómo ama y el amor que da.
Eso es lo que importa, y no quien te ame.
Y por fin me he dado cuenta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario