Todas mis creencias han sangrado.
Me encuentro sentado observando toda la calma que brota de mis ruinas, todo el silencio que se cuela entre las venas de la destrucción.
Ya no me queda nada.
Dicen que a veces hay que perder para ganar, y yo me pregunto si esa supuesta ley se sigue cumpliendo cuando te pierdes a ti mismo, y si es así, qué será lo que puedes llegar a ganar.
Puede que la calma constante o la existencia plena. El secreto de que no existe ningún secreto.
La aceptación dolorosa e inevitable de que el caos habita dentro de ti y de que el control no es más que una ilusión.
La paradoja dañina que crece a medida en que te das cuenta de que vives de ideas que no tienen ni pies ni cabeza, y todo porque hubo un momento en tu vida en el que todo lo que te quedaba para seguir vivo eran las ideas.
Me sigo preguntando qué ocurre cuando se te acaban.
Quizás todo el tiempo se detenga y llueva hacia arriba o caigan truenos que en vez de hacerme temblar me calmen con una nana.
Puede que al romperme del todo pase a existir en millones de pedazos diferentes.
Y puede que siendo tantos pedazos pueda ir saltando de existencia en existencia hasta encontrar los pasos que tanto echo de menos y que ya no soy capáz de caminar.
Cuanto más pienso en mi futuro menos creo en el presente.
Cuanto más intento tener fe en el presente el pasado me demuestra que sigue siendo demasiado fuerte.
O yo soy demasiado débil. Qué mas da.
Recuerdo noches en las que habría cambiado todo lo que tenía por una cabeza nueva. En las que lo único que tenía claro era que no podría salir de ese lugar en el que si no caminas descalzo acabas sin piernas.
Lo que más me fascina del dolor es que por mucho que lo sintamos nunca deja de sorprendernos y aterrorizarnos.
Hay una parte de mi que piensa que el dolor y el placer fueron profundos enamorados que nunca terminaron de buscarse, a pesar de estar destinados a la soledad como condición única para mantenerse con vida.
Si se juntaran dejarían de vivir y ya no podrían saborear al menos la desesperación de no poder alcanzar su otra mitad.
Es por eso por lo que creo que yo no valgo para vivir de la realidad, que mi sustento son los recuerdos y mis ideas las semillas que flotan por encima del suelo y crecen por encima de las nubes.
Si viviese lo que sueño moriría.
Porque hay veces que todo un sueño se puede resumir en dormir sobre un manto de caricias verdes y suave aroma a mar y espuma fresca.
Y si viviese lo que sueño no tendría sentido vivir.
De qué serviría alcanzar la felicidad en un mundo idealizado. Me quedaría sin ideas.
Pensaría, ¿y ahora qué?,
y volvería a soñar despierto.
Porque siempre queremos más.
Porque somos incapaces de frenar.
Porque no tenemos fondo, y nada nos llena.
Todo nos vacía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario