10.4.18

Fría

¿Notas el silencio tras las ventanas?
¿Respiras el aire o es el espacio el que te utiliza de escondite?
¿Acaso es la ceniza dueña de su propio destino?

Tan solo son cuestiones que se enfuman mientras llueve,
pequeñas gotas de cristal que se clavan en mi mente,
bajo un caos de cielo naranja y nubes cargadas,
listas para disparar sobre nuestras cabezas. 

El rechistar del mechero y su llama azul,
el beso de buenas noches que reclama un remitente
mis manos frías sujetando un segundo menos de vida,
con la esperanza de que la lluvia me recuerde cuando deje de llover. 

Estoy aquí para quedarme
y plantar mis botas sucias en medio de la calle,
con mis cordones descoloridos y mi abrigo desgastado,
bajo el palco de lona negra
en mi trono de cuerpo pálido, y heridas de guerra. 

Estoy aquí para vengarme
de los que un día se atrevieron a juzgar la propia vida
argumentando que las incercias eran dueñas de formas oscuras,
y las tinieblas,
que ellos me decían con total certeza que jamás los corazones rotos laten al ritmo de la caída de las lágrimas,
y yo les digo,
que ojalá sea mi vida la prueba necesaria de que vivir no es más que morir
intentando crear una obra de arte digna de recordar entre los granos de arena que componen el tiempo,
y que mis palabras recorran labios morados por el frío
y provoquen tempestades entre los pechos,
y que se conviertan en predicciones de futuro y pequeñas cicatrices de un pasado incierto,
que poco a poco
se vuelve nuestro,
y nosotros nos volvemos hacia adentro. 

Porque a quién le importa la locura en un mundo esquizofrénico,
y a quién le importa la muerte, la pobreza y la avaricia entre tanto campo de billetes negros,
a quién le puede interesar la obra de un poeta olvidado de sí mismo,
si hoy por hoy, y como hoy es cada día,
reina el reflejo de los rostros por encima de las ganas de besarlos,
reina el gusto de ser ego por encima de peinar las pieles de un enfermo,
y reina el miedo a amar por encima del miedo a ser amado.

¿Notas el silencio tras las ventanas?
¿Respiras el aire o es el espacio el que te utiliza de escondite?
¿Acaso es la ceniza dueña de su propio vuelo?
Me pregunto mientras fumo,
preguntándome
por qué el humo siempre me persigue por las noches,
por qué nadie me despide al naufragar cada mañana,
y por qué los días se vuelven inviernos en este constante silencio de lluvia,

y por qué mis dedos se vuelven blancos al recordar,
cuando la sangre brota hasta con vergüenza
y no es el vivo sino el muerto el que reclama,
bajo tu cielo,
que la vida se inventó entre los poemas
y la muerte la escribió
con la tinta de las yemas de los poetas
que se vuelven pálidos al recordar,
cuando la sangre brota con vergüenza
al escribir mil vidas entre el abrazo de las muertes,
y besar calmado cada rincón de realidad,
que sucumbe al deseo de ser prosa,
y poesía,
pues jamás ella lo olvida,
el daño que le hicieron
y el dolor en cada esquina,
de tu piel,


de poesía. 

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