El tiempo galopa sobre la tierra fresca
con los ojos llorosos, respirando niebla
deseando mirar atrás, bajo todas las herraduras
pero sabiendo que no debe hacerlo, que debe respetar las huellas
porque será entonces,
el hecho un pecado terrenal
el reflejo de la luna acunado sobre el hielo que todo lo cubre
y volará
a través de lo invisible
y llegará, a través de la inercia del abandono
al padre del presente,
los versos galardonados de la mente
y las palabras en negrita, las que no pudo olvidar
hinchadas de llorar
los sombreros de copa alardeando sobre las calvas negras
los tropiezos en forma de coma, el morirse de hambre, el dormir entre cristales
el río de sangre de todas esas letras que escribí
letras descuartizadas
que se mordían el cuello, se pisaban las gargantas
y esparcían sus tripas
dejando una sombra bajo sus huellas
sobre la tierra húmeda, sobre aquellas herraduras
un subrayado, que marca la importancia
de no mirar atrás,
de no mirar debajo
de no leer dos veces
aquello que con una
me convierte en un poeta,
justiciero y tumba eterna
de cadáveres de letras.
No hay comentarios:
Publicar un comentario