27.11.17

Pausas

En tiempos de guerra, la espera se convierte en el único aliado, y compañera.
Creo que empiezo a saborear la calma que precede a la tormenta, la ausencia de ruido en el esternón, el sonido de la música apagándose a cada instante, anunciando una primavera de segundos en los que me elevaré, aunque no quiera, y observaré como todo bajo mis pies se convierte en ceniza.
Y entonces formaré un volcán de hielo, cargado de lenguas bífidas de plata, remunerado por la propia escarcha, bautizado por la huida, bendecido por la muerte, y sentenciado con la vida.
Volaré por el cielo en busca de pirañas con alas, les contaré historias a las hadas, convenceré a Peter Pan de que la infancia, es solo una etapa, olvidaré los cuentos de princesas mientras me visto de rosa, y quemo cada foto, en mi carroza de calabaza.
Me romperé los zapatos de cristal contra las nubes, y sangraré en forma de lluvia acompañando la caída al ritmo de la soledad.
Lloraré, por todos aquellos que olvidaron llorar, por los que durmieron sin poder hacerlo, por los que despertaron sin poder parar, entre lágrimas y frío, con el dolor como almohada.
Me inventaré palabras a cada paso con la esperanza de que sean ellas las que pongan nombres a lo que siento.
Seré la venganza en forma de espada, arrinconando a la nada entre mi alma y la piel. Seré, todo aquello que dolí en forma de penitencia. Dudaré de las dudas, y suplicaré argumentos divinos a quien nunca llegó a creer en Dios.
Mentiré, diciendo que hago arte cuando es en realidad el arte el que me moldea.
Escribiré con lápiz, siendo consciente de que el papel me ahoga a medida que observo como yo soy un utensilio, de una mano que maneja mis hilos, a voluntad propia. Navegaré dejando que el miedo infle mis velas, el agua será mi nuevo cimiento, y la espuma escuchará todo aquello que susurre al horizonte.
Viviré en el interior de un reloj de arena, dormiré con el tiempo, sentiré la paz que desprende darse cuenta de que todo es eterno, porque todo tiene un final.
Le diré a la muerte que gracias a ella conocí el objetivo de vivir, le diré a la oscuridad que sin ella jamás habría conocido la luz, le contaré a todo lo odiado de este mundo, lo que de verdad consiguieron.
Seré el poema más perdido de tus páginas, me convertiré en el verso que no puedas olvidar, marcaré en tu piel las letras que buscabas, y aun así, te dará miedo leer. Seré una mano acariciada, y el calor que desprendes ante el frío de Madrid, seré un puesto de castañas, una hoja en el instante en el que aprende a volar, sonaré dentro de ti, como un violín bajo el mar.
Y contigo, seré cada paso que demos por el suelo, cada historia que guarden las paradas de metro, seremos todos los besos que haya visto un autobusero, seremos despedidas en medio de la nada, teniéndolo todo.

Alimento en mi cabeza un recuerdo que solo el silencio es capaz de explicar, quisiera probar, a dejar que mi corazón brotara y la luz te arropase en forma de nieve. 

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