Se me acaba el pozo de palabras,
mi estómago se seca ante la intemperie
el viento cruza mi pecho de un lado a otro
provocando un silbido diminuto
que tan solo tú puedes escuchar.
Trago saliva, pero nunca llega al fondo
y por mucho que lo intento solo consigo escupir polvo
encoger mi cuerpo
y odiar las mismas arcadas que empujan este nudo hacia arriba
cayendo de nuevo hacia el mismo pozo
salpicando en las paredes frases inconexas,
promesas,
siempre recuerdos,
palabras que cortan,
recuerdos de promesas en forma de palabras cortantes.
Regalé el corazón
a tantas manos como venas tengo
y ahora son las venas las que le echan de menos
mientras palidecen
mientras recuerdan las promesas en forma de palabras cortantes
que bautizaron cada latido, creando un compás de Réquiem
y una historia de naufragios legendarios.
Abrí las puertas de la confianza
confiando en que las puertas aguantaran el paso del tiempo
y las visagras no se oxidaran
y los manubrios recordaran tus manos
para eliminar la necesidad de timbres que desafiaran el sonido del templo
y fuese el tiempo el que enviara tu sonrisa a visitarme
y mis puertas se abriesen al instante en el que tu piel acariciara el metal pesado
por tu recuerdo
y mi mundo a tus mismos pies descalzos de niña pequeña
la gallinita ciega, el escondite de primaveras
a que no me pillas
a que no eres capáz, de besarme sin que me dé cuenta,
a que no te acuerdas de la primera vez que nos besamos
de cuando conociste mis labios ondulados
de cuando se hizo un milagro entre dos simples,
seres humanos
a que no te atreves, a reconocer que conociste a Dios en forma de cometa
que intentaste contar las estrellas pero en mis ojos perdiste la cuenta
que fueron tus manos de tela las que limpiaron mis heridas
que un instante existe para toda la vida
que no quiero olvidarte, pero duele tu recuerdo
que me enseñaste que jugar con fuego quema
pero quema más jugar con quemaduras
que el verdadero invierno viene después de la primavera
que lo importante no es saber volar, sino aprender a aterrizar
que las ganas de borrar hasta la última palabra que aparece aquí me hacen pensar, en si hago bien otorgándoles vida
que quizás deba dejar que ellas también vuelen
que el tiempo todo lo cura, excepto el propio paso del tiempo
que colecciono botellas de cristal de un mar que siempre me las devuelve
que escribo poemas que no llevan nombre, pero gritan a voces para que los llames
que lo siento,
lo siento, lo siento
lo siento
lo siento
y otorgo perdones
y las cuestiones ahorcan el razonamiento
mientras el tiempo pasa cada vez más despacio, como buen espectador entretenido plenamente en la función
me pierdo entre papeles, horas, minutos y segundos
me pierdo entre presentes, pasados y futuros
y miro hacia delante y muero
y miro hacia atrás y sufro
y miro hacia tí y no te veo, porque mi vista no alcanza a navegar mares
y la angustia de no verte me destroza a hostiazos contra el pasado y el futuro me rompe en mil pedazos mientras lo único que puedo hacer es suplicarle a un destino del que siempre he dudado que me ayude a verte volar
hacia las nubes
y que lluevas y me pille sin paraguas
que me de igual despeinarme, que mis zapatos beban agua y se emborrachen
que mi piel se vuelva una hoja de árbol noble
acunando tus gotas, entre la punta de mis dedos
abriendo las puertas de mi cielo
dejando que las nubes pasen a conocernos
que el mundo sea testigo de un corazón contento, y otro que no puede dejar de sonreír
que el mundo sea presente y tu agua diluya el pasado a cada beso, mientras el futuro nos arropa,
que nuestras lágrimas, se conozcan
y se ayuden a llorar
por encima de cada nube, siendo la lluvia la que riega al propio diluvio
el origen de cada primavera
de cada suave olor a tierra mojada que haga recordar, a cualquiera, la importancia de vivir,
la gota que colme el mar, la primera lluvia del último árbol del planeta,
el agua bendita que recuerde en los cementerios, que la vida es eterna
el néctar de siete rosas azules, en la tumba de aquellos que dejaron de llover
el primer vuelo de una mariposa, después de saborear el tacto del suelo
la primera palabra que pensamos, y no la que decimos
nuestro último amor, o aquel que nunca olvidaremos
todas aquellas veces en las que no dijimos que nos queríamos
las cartas, de aquellos que buscan esquinas en las que sentarse a esperar
el último beso de una persona
el nunca te olvidaré, que resultó no ser mentira, pero cayó en el profundo olvido
el instante de silencio que hay entre el ''te'', y el ''quiero''.
Contigo el mundo
duele un poco menos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario