El viento de la pena borra el rastro de lágrimas que he ido
dejando a lo largo de mi vida
las cubre de arena, se vuelven sucias
sucias como el suelo en el que fui limando mis rodillas
saboreando lo que el mundo me estaba preparando
sangre, asfalto y llanto
nací con una vela en el pecho que me quemaba la garganta a
cada palabra
y la cera caliente goteaba sobre mi estómago
haciéndome suplicarle al creador que me descreara,
nací llorando, y con dos vueltas de cordón intenté no
hacerlo
quizás me susurró el destino
que el llanto iba a vivir conmigo
una infancia decreciente en la que de tanto llorar
volví al útero materno
y busqué ese mismo cordón con la esperanza de que todo se
parase
una tormenta sobre mi casa
adiós al rastro de lágrimas
que me mantenía unido al mundo
el ciclo del agua es uno de mis recuerdos favoritos de la
infancia
aprender a ver llover
a imaginarme el sabor de las nubes
creo que me estoy acercando, a empezar el camino definitivo
al menos es lo que siento
que es un todo o nada
hoy he llorado sin darle pena a nadie
de hecho, he llorado sin saber muy bien por que
pero lo he hecho, como la gota que colma el vaso, he tenido
que echar un poco
porque no me cabe más aquí dentro
y es extraño, pero me siento
como cuando contemplaba las gotas deslizarse por la ventana
pero esta vez son lágrimas de cocodrilo
y no me siento mal
no quiero sentirme mal
prefiero guardarme palabras a decir demasiado
prefiero mentirme a mí mismo con tal de no volver a herir a
nadie
incluido yo mismo
yo pensaba que dejando de fumar
y de drogarme
dejaría de ser un adicto
y no me daba cuenta de que la droga que me atrapa no es otra
sino la autocompasión
el victimismo crónico, y la búsqueda desesperada de manos
que me sequen los ojos
lucharé por mí, o moriré intentándolo
y si tu mano me acaricia el pecho le daré gracias a la vida
con miedo de mí mismo
y si decides andar conmigo miraré al suelo para no pisarte
nunca
y si un día ya no estás
lloraré para mí mismo lo que tenga que llorar
y volveré a caminar
pensando en lo correcto
mirando al horizonte
cosiendo heridas, abriendo cicatrices antiguas
desinfectando pensamientos
susurrándole a mi corazón que lo intenta, que yo sé que
intenta latir bien
que no necesito ser perfecto
tan solo aliviar mi conciencia, aprendiendo de ella
y si alguna tormenta decide nublarme el cielo, dejaré que me
empape
y si la vida me depara dolor, lo sentiré
y si el futuro quiere que llore, lloraré
y mientras tanto disfrutaré de momentos de calma y rayos de
sol entre las nubes
y agua fresca entre mis manos
sueños idealistas, ojalas, porqués, quizás algún miedo de
toda la vida
una mezcla de bolsillos rotos y ropa cubierta de polvo
mi propia pistola apuntando a mi mente
mi propia exigencia proyectada a la gente
y el ostión al darme cuenta de todo apretando el gatillo
respirando hondo y cerrando los ojos despacio
me acaricio las manos
y juego con mi anillo recordando las veces en las que casi
lo pierdo
me gusta el tacto de sus aros contra mi piel
pensar que siempre estará allí
y cuando se caiga
siempre será por algo.
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