Estoy destrozado
miro hacia adentro y veo los restos de un naufragio que prometía tocar tierra con la sonrisa de siempre
barcos hundidos que albergan seres de otro mundo
tesoros que perdí, en medio de la tempestad
los gritos de los marineros resonando por toda la caja torácica
historias de miedo escritas en los libros de a bordo con la sangre del capitán
el catalejo empañado, agrietado, con el que intento mirar hacia el horizonte buscando una señal que me indique el camino hacia tierra firme
miles de anclas, que enrollan con sus cadenas mi pecho y aprietan el nudo colgándose hasta el fondo de mis entrañas
brújulas que se volvieron locas al buscar un norte en medio de la nada constante
el primer silencio después del estruendo del último barco cayendo sobre todos los demás
un punto maldito en el mapa, el triángulo de las bermudas en mi corazón,
donde siempre se hunden los barcos que navegan sobre él
fotos de familias y recuerdos oxidados
anillos que cuelgan de la carne podrida de los dedos que un día supieron acariciar
y que murieron lamentando no haber sabido hacerlo sin hacer daño
cientos de zapatos perdidos, de aquellos que intentaron enseñarme un camino y acabaron por perderse a mi lado, en la misma tormenta
siempre las mismas nubes negras apretando los pulmones contra el coral afilado
el latido de las olas del mar intentando ahogarme
al ritmo de las últimas bocanadas de agua salada del capitán
botellas de vino, de ron, tabaco mojado
lágrimas que se pierden entre tanta agua
el cementerio de lo sientos y perdones más sinceros del océano, que nunca llegaron a ser escuchados por nadie excepto el viento
alimañas del fondo que sobreviven a base de cadáveres y de la poca luz que llega, huyen
colgantes de oro que pasarán a formar parte de la colección de recuerdos que jamás se entierran bajo la arena
las plegarias de papel de viudas y huérfanos que se deshacen creando la nieve de las profundidades
y la ceniza de un funeral en otoño
el terror en la mirada de cada hombre, mujer, niño y niña de esos barcos
nadando para siempre, buscando un norte sin sur
caricias, besos, palabras susurradas desde un sur sin norte
darte la mano de este a oeste, y olvidarme de escribir para siempre en botellas de cristal
que acabo lanzando siempre al mismo mar
con la esperanza de que alguien me conteste
la impotencia de que el timón no me responda
de notar como cada vez todo pesá más
de cómo el barco se inhunda de lágrimas que no super llorar
de escuchar los gritos de la tripulación suplicando piedad a Dios,
de verte de rodillas suplicando que te mate solo por no contemplar lo que sucederá a continuación
de cómo los motores se van apagando
y la élice se parte en siete pedazos
dejando un rastro inconfundible
de que no haya botes salvavidas, nunca los hay
de que no queden bengalas
la radio no funcione, se te olvide hablar
la impotencia y el dolor amargo
de darte cuenta
de que no manda el capitán,
sino el mar.
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