Se cierran las puertas del metro y con ellas se firma el
destino de que ocurras en mi vida. Me tiemblan las manos y muevo los dedos
juntando cada yema con su opuesta, de izquierda a derecha.
Es una tarde, entre semana, del año 2014, es un mes caluroso
pero no demasiado, Madrid.
Me desnudo, me miro al espejo y observo lo que me gusta y lo
que no me gusta, las drogas me han hecho adelgazar, me gusta. Me ducho mientras pienso en posibles
conversaciones, en posibles situaciones, mi mente no cesa de imaginarse
infinitas posibilidades, pienso en gustarte. Salgo de la ducha, me froto
rápidamente el cuerpo con la toalla, vuelvo a observar lo que me gusta y lo que
no me gusta, definitivamente estoy muy delgado. Salgo de la ducha, escojo la
ropa perfecta, me visto, me seco el pelo, me echo desodorante, me echo colonia,
me pongo mi pulsera, mi collar. Casi lo tengo todo, calzones limpios, ropa, y
fachada extravagante. Me dispongo a peinarme, cojo un jersey de lana lo froto
fuertemente con movimientos circulares por mi cabeza, la electricidad estática
hace que el pelo adopte una forma voluminosa, cojo el bote de laca, lo manipulo
hasta que queda a la perfección, lo fijo, que no se mueva nada, todo
controlado.
Cojo mi mochila de pana verde y meto una botella de agua,
tabaco y porros.
Me pongo las Converses de siempre, llenas de agujeros pero
adaptadas a mi pie, de un par de tallas más. Me lio un cigarro, compruebo que
llevo todo, salgo y cierro la puerta.
Camino hasta el metro y mientras tanto me coloco los cascos,
suenan Los Ronaldos, fumo, y llego.
Nuevos Ministerios, línea 10, el próximo tren llegará en 7
minutos. Genial.
El tren va a efectuar su entrada en la estación.
Pulso el botón, se enciende, se abren las puertas, miro a
izquierda y derecha, consigo sentarme.
Se cierran las puertas del metro y con ellas se firma el
destino de que ocurras en mi vida. Me tiemblan las manos y muevo los dedos
juntando cada yema con su opuesta, de izquierda a derecha y de derecha a
izquierda.
Pasa una parada después de otra y a cada cierre de puertas se
cierra todavía más mi pecho.
Plaza de España, me levanto del asiento, pulso el botón de
la puerta, se abre, se cierra a mis espaldas, y ya no hay marcha atrás. Salgo
del metro, te envío un “ya estoy aquí” y a los pocos segundos te veo aparecer
de la nada justo dentro de mi mirada.
Lo primero que siento es miedo al darme cuenta de que
realmente me gustas, al darme cuenta de que me iba a costar mucho olvidarte, de
alguna forma siento como si perdiese todos los frenos de golpe y me digo, ya
que voy a estrellarme que sea lo más fuerte posible.
No te mentiré, me fijo en tu físico, las ansias patriarcales
de mi interior analizan tu figura en busca de la aprobación en mi cabeza, en
las fotos parecías diferentes, sin embargo, me gustas.
Caminamos, y nos sentamos en una colina con césped, delante
de nosotros ciudad y a las espaldas la misma mierda.
Hablamos, de ti y de mí, me pongo nervioso y acostumbro a
calmarme como siempre. Me hago un porro y tú otro, nos los intercambiamos.
Suspiramos más que hablar, noto como si estuviese en casa, solo tengo ganas de
contemplar el paso del tiempo. Intercambiamos pequeños cometarios sobre la
vida, nos reímos, nos sentimos bien.
Decido jugar un poco y te pregunto con la boca pequeña si
tienes cosquillas, me dices que no. Te miro, me río, y al comprobarlo me doy
cuenta de que mientes incluso mejor que yo. Decido vengarme haciéndote reír y
tú contraatacas con mi misma medicina. Justo en ese instante, el mundo deja de
existir alrededor de nosotros, el tiempo se para, las personas se quedan
inmóviles, los pájaros dejan de cantar, los coches ya no hacen ruido. En mi
mente, para siempre, el sonido de tu risa, el dibujo en tu carita entre el trazo
de tus hoyuelos, y un instante en el que el grano de arena consigue parar todo
el torrente de tiempo sobre sí mismo.
Como dos bebés, como en lo más tierno de la infancia,
pasamos de las cosquillas a pequeños empujones con la cabeza, como los cisnes
al quererse, y en este momento joder, te juro que siento la magia en mis venas.
Sin saber por qué, siento que mi cuerpo es movido por tu mente y que de alguna
forma me siento rozando el cielo, justo al juntarse nuestras frentes, y quedar
mirada con mirada, justo al conectar de esta forma, siento tanto que ni siquiera yo puedo explicarlo,
pero estoy seguro de que tú puedes entenderme. Justo en este instante, en el
que te miro, y tú me miras, justo en este momento simplemente me convierto en
un ser tan ligero como el aire y a la vez tan lleno de amor que no existe
metáfora para describirlo. Después de que se parase el mundo por un segundo,
pasamos de querernos con la mirada a dejarnos llevar con un beso que nunca voy
a poder olvidar. Nunca olvidaré como en tan poco tiempo se puede llegar a ser tan
feliz, nunca olvidaré la fuerza extraña que me hace sentir que te conozco de
toda la vida, que por fin te he encontrado, que por fin estoy en casa.
Suena de locos, ¿pero acaso la vida no es una locura?, acaso
existe alguien que pueda arrebatarme lo que siento, lo que vivo. Las cosas más
importantes en esta existencia, carecen de explicación. Por eso te doy las
gracias, porque en el momento en el que siento tus labios me doy cuenta de que
eres algo interminable, y a la vez, sé con certeza a la altura a la que estoy
volando, sin pensar demasiado en los riesgos, ni en la caída.
No recuerdo el momento en el que el beso decidió terminar,
pues no fue yo quien te besé sino la propia vida a través de mi cicatrizada
existencia. A partir de ahí, todo se vuelve un poco más borroso y difuminado,
como si alguien hubiese mojado las letras de tinta que de alguna forma van
marcando nuestra historia.
Pasa el tiempo, y yo paso con él, en mi interior habitan carencias que ni
siquiera alcanzo a ver, en mi cabeza se tejen imaginaciones sobre lo que tú
eres para mí y lo que yo podría llegar a ser contigo, intercambiamos tiempo,
hacemos el trabajo sucio de conocernos después del gran comienzo, de alguna
forma siento que vivo marcha atrás.
Me adviertes, de una forma sutil y sincera, de que sientes
que eres mala persona, y yo decido ignorarlo pensando en que alguien que me puede
hacer sentir tales cosas jamás podría llegar a ser malvado. Pienso que puedo
cambiarte, pienso que soy capaz de hacer cualquier cosa con tal de estar
contigo, pienso demasiado y a la vez ignoro mis propios pensamientos.
Sin darme cuenta, nos encontramos ante dos puntos del mismo
mapa, en el que yo lo doy todo por navegar y tú tienes miedo de izar las velas.
Creo que confundo querer con poseer, pues no me paro a pensar en tus
necesidades, me absorbe mi obsesión por creer que somos almas gemelas. Tú eres
lista, tú ya has pasado por esto. A veces voy dándome cuenta de que me utilizas
y de que soy incapaz de hacerme valer, yo lo doy todo, tú coges sólo lo que te
interesa. Poco a poco nos metemos en una espiral de control que nos asfixia a
cada paso.
Tú estás mal, yo estoy mal, me dices que tienes miedo a
querer, te digo que yo nunca te voy a fallar, que siempre estaré contigo, y
realmente lo siento así. Intento convencerte, me desgasto, te alejas, vuelves
cuando ves que me canso para darme una nueva falsa esperanza, cada vez entiendo
menos lo que ocurre, pero cada vez es más y más adictivo. Te quiero, pero no
estoy seguro de que si quiero que seas libre o si en realidad me desvivo porque
tengo miedo de estar solo, quizás solo busque controlarte, quizás tú solo
busques que haya alguien que desee controlarte para sentirte deseada. De alguna
forma, encajamos a la perfección, yo busco amar imposibles y tú buscas que te
amen hasta que no puedan más, y en eso yo soy un experto.
Un día, al principio, recuerdo que me dijiste que te
encantaba discutir, que te encantaba forzar discusiones para forzar un
reencuentro especial, una parte de mí sintió que era peligroso, pero decidí
seguir adelante, creo que se podría considerar un suicidio emocional. Y así fue
ocurriendo, me manipulas, y yo me trago el anzuelo hasta el fondo. Me haces
sentir tanta rabia que hay veces que exploto por dentro y me rompo en mil
pedazos, pero después haces tu magia y con dos palabras me devuelves a la vida,
con un beso me haces el niño más feliz del mundo, y al cogerme de la mano
vuelvo a colgarme de ti. Dependo de ti.
Lo que un día empezó siendo perfecto poco a poco se
convierte en una ruleta rusa de celos, control, envidia e inseguridades, pero aunque
me dispares sigo en pie. Pasan los meses, y la situación cada vez es más
inestable, y a la vez más intensa. Yo me refugio en las drogas, en las
canciones que me enseñaste y en una adicción a intentar salvar algo que ni
siquiera se puede cuidar. Me he vuelto adicto al dolor que me provocas, y cada
que vez que me emborracho hasta vomitar o fumo hasta perder el sentido me
acuerdo de ti, al tomar la siguiente dosis, porque me provoca el mismo efecto
que tu forma de querer. Voy siendo consciente de que nuestra magia no es más
que crear dolor para después curarlo, porque en el fondo estamos ansiosos de
emociones que ni tú ni yo podemos controlar.
Llego a tal punto de desesperación en el que la única forma
que se me ocurre para conseguir más dosis de tu droga es mentir, atacar tu lado
emocional de la mejor forma que sé, autodestruyéndome. Intento anularte con tus
propias armas y recurro al chantaje emocional, me invento mi suicidio, me
adentro un mundo oscuro y deprimente del que sé que me voy a arrepentir, actúo
de forma desesperada y no pienso ni en el bien, ni en el mal, ni en las
consecuencias, de mi inseguridad brota el odio y el rencor y solo quiero hacer
que te sientas como yo me siento. Aun así, no consigo lo que quiero, sigues sin
darme una oportunidad, una oportunidad que no me merezco, sigo sin conseguir tu
atención, pero en el fondo no me doy cuenta de que lo que busco es que me
quieras como yo te quiero a ti, no me doy cuenta de que eso no es amor sino
control, un control tóxico cuya necesidad me está matando poco a poco. Recurro al lsd al relacionarme de nuevo con
personas por puro miedo a estar solo, mi cabeza se rompe, ya no soportaba más
presión, pero me quedan fuerzas para darte pena, realmente pienso que he
perdido la cabeza y me invento que me han diagnosticado esquizofrenia para
lograr que algo dentro de ti se conmueva y me cuides. No surge efecto y lo
único que consigo es una nueva dosis de nuestro veneno particular.
Después de un tiempo decido alejarme y refugiarme en otras
personas, las utilizo para olvidarte, aunque en el fondo sigo obsesionado
contigo. Para mi sorpresa, después de publicar tu número en las redes sociales
denigrándote y después de que tus amigos me amenazen con pegarme me cuentan que
cuando dejé de prestarte atención fue cuando realmente lo pasaste mal. Invertí tantos
esfuerzos en llamar tu atención de las formas más rastreras y vergonzosas que
no me di cuenta de que en realidad ambos buscábamos lo mismo: sentirnos
queridos.
Me doy cuenta de que lo peor que puedo hacer es darte lo que
quieres porque no te lo mereces, me doy cuenta de que yo no tengo por qué pasar
por algo así, de que todo carece de sentido lógico y sin embargo está
perfectamente conectado.
Al volver de vacaciones, después de estar un tiempo sin
hablar, quedamos para volvernos a ver, y esta vez todo es diferente, me dices
que lo sientes, yo tengo tantas cosas que decir que ni siquiera abro la boca.
Me dices que la vida te lo ha devuelto pasándolo mal con otra persona, en el
fondo me alegro, aunque sigo teniendo la esperanza de que sientas algo por mí.
Nos despedimos con un abrazo, pero en mi pecho tú sigues viva y soy incapaz de
olvidarte.
Cuatro años después sigo recordándote, de una manera muy
diferente y muy similar a la vez, al acordarme de todo aquello puedo sentirlo de
nuevo y eso me provoca remordimiento.
Me gustaría poder decir que he
superado nuestra historia, pero no es cierto. Soy consciente de que nuestra
relación fue tremendamente tóxica, sin embargo no puedo encontrar un culpable. Cometimos
muchos errores. Mi actitud fue tremendamente posesiva macada por el machismo y
la necesidad de control que habitaba dentro de mí y que durante estos años he
ido gestionando poco a poco. Me avergüenzo de mis mentiras, de fingir mi
muerte, de fingir enfermedades con el fin de hacerte sentir culpable, pero
puedo decir que siento compasión conmigo mismo y que entiendo por qué lo hice,
mi intención era desesperada. Hice cosas que no estaban bien, pero no volvería
atrás porque realmente he aprendido mucho sobre mí mismo y sobre cómo
relacionarme de forma sana con las personas después de toda aquella
experiencia. No te guardo rencor, pues sé que muchas de tus actitudes surgían
del dolor que te provocaron en su día, sé que tu intención no era malvada sino
que aquella era la manera en la que habías aprendido a defenderte de manera
inconsciente. Sé que nos hicimos daño porque en el fondo cargábamos con tanto
dolor que ni siquiera sabíamos que hacer con él y los dos teníamos miedo. Quiero
pedirte perdón por haber intentado controlarte de forma inconsciente, por
hacerte daño y por no haberme ido cuando tuve que hacerlo, me parece increíble
como un sentimiento tan profundo hacia alguien puede llegar convertirse en unos
actos tan tóxicos, pero ninguno de los dos sabíamos querer.
Creo que lo más importante que puedo sacar de todo esto es
que te puedo perdonar, y te perdono, y me perdono. Considero que lo esencial es
aprender y yo quiero aprender a amar a la gente para que cada persona con la
que me cruce se sienta libre de vivir. Eso, lo aprendí de ti. En el fondo creo
que tenías un miedo atroz a no ser libre y por desgracia yo por entonces creía
que el amor era atar a una persona en vez de acompañarla por el camino.
A día de hoy sigo sintiendo celos, sigo siendo inseguro,
sigo tendiendo a controlar lo externo, pero algo muy grande ha cambiado dentro
de mí, y es que soy consciente de que todas esas emociones se pueden llegar a
gestionar a través de la confianza, la comunicación y el diálogo interno.
Puede que al comenzar a leer esto os pensarais que sería una
bonita historia de amor con un final doloroso pero bohemio, y lo cierto es que
así lo viví yo, pero la realidad es que ninguna relación, del tipo que sea,
podrá ser perfecta, pues no existe la manera perfecta de relacionarse, pues
cada persona tiene carencias y eso no es malo, lo malo es reprimirlas, lo
cierto es que nos educan a través del amor romántico dándonos una idea utópica
de las relaciones, normalizando los celos y romantizando actitudes dañinas para
ambas personas, a la vez que se extiende como objetivo primordial de una
relación el llenar el vació de las personas, cosa que es sencillamente
imposible.
Os puedo asegurar que sentí cosas increíblemente
maravillosas, pero también os puedo asegurar que no era necesario tanto sufrimiento.
Querer a una persona es indescriptible, no existe un manual
de instrucciones, pero siento que todo se basa en la intención que tengamos y
en cómo la materialicemos. Todos aprendemos tarde o temprano a amar a la gente
de forma constructiva, aunque a veces duela y aunque a veces hagamos daño. Es
casi tan difícil saber cuándo uno tiene que quedarse como saber cuándo es
necesario marcharse. He querido compartir esta historia, resumiéndola bastante,
porque pienso que no debemos avergonzarnos de nuestro pasado, sino mirar hacia
atrás y aprender de los errores desde el cariño hacia nosotros mismos. He querido
compartir esta historia porque pienso que realmente es necesario que nos
cuestionemos de vez en cuando nuestra forma de tratar a los demás y de
tratarnos a nosotros mismos.
He querido compartir esta historia apartando el miedo que me
da hacerlo y la vergüenza que me produce recordar ciertas cosas, pero quien
sabe, puede que le pueda llegar a servir a alguien.
No hay comentarios:
Publicar un comentario