Me da miedo sentirte,
lejos de la sinceridad de un instante.
Me da miedo confundir tu reflejo con la imagen que aún
guardan todos los pedazos rotos, de todos los espejos.
No quiero hacerte daño, ni que el daño rompa los copos de
nieve.
La incertidumbre, de si la idea se torna incondicional, o si
la realidad es una búsqueda desesperada hacia la idea.
Lo único cierto, es que en mi pecho todo carece de
seguridades, por culpa de los jueces de mi mente.
Si tan solo centrara mi atención en lo que siento, vería una
tímida llama en medio de un vacío oscuro, una vergonzosa luz que proyecta sobre
mí miles de posibilidades,
miles de ideas, de realidades
miles de condicionantes, paisajes, y momentos,
miles de posibles, de quizás, miles de probabilidades, de
dudas
miles de imaginaciones,
miles de maneras de ver llorar, y tan solo una pequeña llama
que me indique lo que debo hacer
lo único cierto, es que esa luz me susurra que me gustas
pero me conozco tanto que dudo de todo lo que alguna vez
llegué a tener por sentado
y es que me da miedo que mi llama se alimente de un
combustible bastardo
de una idea equivocada
de las prisas
del miedo a estar solo, o aún peor
del dolor que produce no saber estar acompañado,
lo único cierto en todo esto
es que no estoy seguro de nada
salvo de la propia duda que oxigena el fuego de mis pulmones
y el silencio me hace cómplice de la asfixia del ruido
al pensar en ti, y en todo, el mar se vuelve bravo y de la
rabia nace un manto blanco de espuma sobre nuestras cabezas
y nos sentamos a mirar, con la esperanza
de que ni el ruido ni el dolor rompan los copos de nieve.
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