22.5.17

Manantial entre tus manos

Lo único que me aleja de ser algo, a convertirme en un grito que nadie oye,
es el miedo que escribe cada texto que me atrevo a hacer ver.
Lo único que me provoca una sombra en medio de todo el desierto de mi corazón
es la esperanza de que algún día vuelva a sentir por alguien,
después de haberte sentido a ti.
Ya no comprendo lo que digo, pienso o incluso recito
por cada palabra, brotan nuevos miedos, y a cada tormenta
el reflejo del mar embravecido y concentrado en el charco de lágrimas que nunca se secan
me susurra: sigues muerto.
Y a veces dudo, de si alguna vez realmente desperté de aquel solsticio
de si mi luna llegó a hacerse nueva tras llena
de si mi siempre acabaría desnudo y convertido en una imprudencia,
de si la vida, realmente desea que yo forme parte de la existencia
o es la existencia la que me empuja a desear formar parte de la muerte.
Nunca sabré quien soy yo, o al menos jamás lo he sabido
ya no recuerdo mis primeros recuerdos, no recuerdo lo que se sentía al recordar sin miedo
vivo en una guerra constante, en la que el enemigo dispara balas de humo
y yo recargo municiones de alegría barata.
Me siento vacío, y no alcanzo a descubrir si de verdad siento la fina capa de hielo entre mi ser,
y la incertidumbre de que pueda seguir algo vivo debajo, o dentro del manantial de pétalos caídos deslizándose en el aire como plumas de golondrina, entre las ruinas de mi pecho.
Puede que el miedo haya brotado tan fuerte de entre mis manos que ahora me sea imposible despegar la una de la otra, y sentir el suave alivio cargado de ternura a labios del susurro de mis propios labios, mezclados con la lluvia, y a cada gota un latido y una señal de que el reloj de arena sigue resistiendo y de alguna forma, mi corazón habita entre mis manos

y fue al abrazar mis dedos a los tuyos
y entre ellos a cada brote acariciarse
entre dos manos un corazón naciendo
y en la que me queda, el humilde cementerio
al que rezar cuando recuerde
lo que sentí al besarte
por primera vez, y para siempre

con las cenizas del tiempo y tu sonrisa, y los efectos de tu risa de ave fénix
de rodillas, y el corazón mirando al cielo
la mirada hacia la herida
y cada gota, sobre mi mano, regando la última raíz que sigue viva
por si algún día, Alea baña el mar y la suerte entre las olas
acaricia mis dedos, y devuelve el aroma a paz y espuma blanca
al rozar tu recuerdo con la punta de la lengua
y recordar para siempre su sabor

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