30.8.16

La Mar

Creo que estoy empezando a cambiar el miedo al descontrol, por la realidad de la locura. Ojalá me equivoque también en esto.
Mi vida es una tragicomedia, o al menos así lo percibe mi consciencia. Cientos de sucesos graciosos, cómicos, y a la vez aterradores.
Como una persona que se cae a las vías del tren tras haberse resvalado con una cáscara de plátano, es gracioso hasta que pasa el amasijo de hierros por encima de sus huesos, órganos y tejidos, arrebatándole su pobre existencia.
Es gracioso, hasta que deja de serlo.
Al igual que es gracioso caerse, hasta que ves que ya te va costando cada vez más levantarte. Al igual que es graciosa la idea de que la vida es como un chiste hasta que te das cuenta de que la esencia de las risas enlatadas son tus caídas, y no puede parar la función.
La mente es oscura, como el océano, como el jodido fondo negro y sin luz del mar.
La mente no tiene color, simplemente es un enorme cúmulo de líquido que se adapta al recipiente en el que vive, y el reflejo de esa persona hace que cobre diferentes tonalidades.
Sin mente, no hay nada. Sin agua, no hay vida.
Los pensamientos son las gotas de agua, nieve o granizo que caen desde lo alto de nuestras esperanzas, las nubes.
Y los ríos, aquellos caminos que decidimos emprender, todos ellos acabados en nuestra mente.
La mente es el puto fondo del mar, de ese mar que solo conocemos un diez por ciento.
Y en ella viven tantos seres como podamos llegar a imaginar.
Así pues, si mi cabeza es como un mundo marino, y mi cuerpo el barco que navega, sólo puedo describir de una forma, el miedo que me atormenta.
Y es que es así, que lo que mas me aterra, y a la vez me seca, es ver la tormenta perfecta en mi cabeza, y a mi pequeño barco, flotando a medias, intentando ser digno, intentando buscar tierra.
Y a mi pequeño barco, naufragado en mi cabeza, con los restos hundidos, en el fondo, más perdido, de mi mente.

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