Creo que esta es la primera vez en que lo único que busco es
escribirme a mí mismo. No sabes la de tiempo que llevo buscándote e intentando
pensar que todavía no te he perdido, pero no consigo verte, ni mucho menos
sentirte. No sé si has sido tú el que se ha escondido o por el contrario soy yo
quien no sabe dónde está.
De lo único de lo que estoy seguro es que no quiero estar
aquí, no quiero vivir sintiendo esto. Solo sé que te echo de menos, que lamento
profundamente haberte tratado tan mal, haberte odiado y haberte hecho tanto
daño, no era consciente de lo que te necesitaba para seguir.
No sabes la cantidad de lo sientos que te he dedicado en mi
cabeza, o donde sea que estoy, no te puedes ni imaginar la de veces que he
deseado romper la línea del tiempo para volver atrás y no cometer tantos
errores. Podría jurar ante mil psicólogos que lo único que quiero es sentirme
entero.
Mi vida se ha convertido en un odioso bucle, en una cinta
transportadora en la que lo único que puedo hacer es suplicar que algo cambie,
pero siempre es el mismo horizonte, la misma oscuridad y los mismos caramelos
de realidad. Mi día a día es una completa agonía de sensaciones en las que
intento salvarme subiendo una cuesta de hielo en la cual no hay final, ni
abajo, ni arriba. Ojalá pudieses estar aquí para escribir conmigo, recordar
conmigo y arreglar este mundo conmigo. Ojalá pudieras estar aquí para
abrazarme, dedicarme caricias en la espalda y susurrarme que todo va a salir
bien. Ojalá estuvieras aquí para contagiarme esa risa de niño travieso que
siempre llevabas pintada, ojalá pudiera contarte por todo lo que he pasado y
pudieras besarme las manos para que dejen de temblar.
Si te soy sincero, ya no sé dónde he dejado las ganas de
vivir, las he cambiado tanto de sitio probando suerte a ver si por casualidad
algo me hacía vibrar, que creo que las he perdido. Recuerdo que tú al menos eras
alegre, y querías que los demás llorasen de risa. Recuerdo que no había nada
que te llenase más como hacer reír a los demás. Recuerdo que hubo un día en el
que sentías a las personas, y los besos significaban algo más para ti que un simple
encuentro de olores de alientos y miedos irracionales. Recuerdo que tú podías
volar pero yo estoy condenado a hacerlo.
Mi vida, se basa en esperar a que vuelvas a buscarme, a que
mi hermano pequeño me coja de la mano y me lleve a buscar bichos por el campo,
todo lo que hago es para que vuelvas aquí dentro, para que podamos ser de
nuevo, para que podamos cambiar el mundo y controlemos todo lo que nuestros
ojos ven. Siempre suelo decirlo, no quiero desearle daño a nadie, y desde que
te fuiste me he dado cuenta de que el peor daño que nos podemos hacer es con
nuestro propio corazón.
Ojalá algún día pueda dejar de decir ojalá refiriéndome a mi
cabeza. Ya no sé dónde estoy, ni cuándo ni cómo ni dónde, lo único que necesito
es sentirme dueño de mí mismo, y poder poner los pies en la tierra. No sé si
tengo ansiedad, depresión o bipolaridad, pero lo único que siento es que tengo
que salir de un lugar que no sé dónde está.
Ojalá pudiese expresar con palabras todo el miedo que guardo
aquí dentro, y es que me da miedo hasta abrir los ojos, porque nada me parece
real, porque todo me duele y no entiendo nada. Me gustaría poder encontrarle
una razón a todo esto que no fuese inventada, me gustaría poder encontrar a
alguien capaz de vivir en mi cabeza por un día y decirme ‘’te entiendo’’ y
poder creer que lo dice de verdad. Me gustaría poder querer a alguien como antes,
y besar sintiendo su alma.
Firmo este texto con convulsiones, mucho dolor, pánico y
muchísimas lágrimas. Ojalá pudiese lograr que nadie más sintiese esto, pero
tampoco estoy seguro de que lo sientan.
No hay comentarios:
Publicar un comentario