2.2.16

Insomnio



Recurro a los recuerdos por miedo a dejar
algo atrás,
como si estuviese anclado al pasado
como si ni siquiera nos conociésemos.

Despego mis venas de las cuerdas de la guitarra
y observo cómo mi piel se ha derretido
al contacto con mi reflejo en el agua
del océano pacífico de mi almohada.
No quiesiera pecar de entristecido, creo que no
no sé pronunciar en cuanto a verdades se refiere
puede que las horas estén tan perdidas como yo
o simplemente todo es un sueño y nos toca adivinar cuándo pasa el siguiente segundo.

Por qué en las pesadillas todo vale, si en realidad estás condenado a morir
por qué nos sentimos tan libres, si hagamos lo que hagamos caeremos
por nuestro propio peso.
Si nuestros dedos no se quieren, sino se odian
hasta el punto de romperse los unos a los otros
de no rozarse ni por accidente,
son más de besar la sangre de los nudillos que de hacerme dormir tranquilo.
Quizás nos toque vivir en un singular constante, aprender a tragar
recordar no por miedo a perdernos, sino por la satisfacción de poder soñar
dormir no por recargar las pilas, sino por oxidar las únicas que nos quedan,
o quedarnos en vela, besándole al piano todos nuestros secretos
todas nuestras verdades olvidadas
nuestras plegarias más paganas
nuestras manos más sucias
e incluso nuestras lágrimas para eclosionar de  nuevo.

Puede que la noche sea lo equivalente al suelo
y el día se convierta en nada más que un suspiro
puede que haya llegado a encontrar la irrealidad en tus abrazos
o el único pez del mar que prefiere caminar a vivir nadando.
Creo que ha llegado el momento de intentarlo de nuevo,
de surcar el mapamundi de la almohada protagonista de nuestros refugiados
de zambullirme en el océano almacenado dentro de aquel instante a solas,
entre la nada, y yo.

Estoy seguro de que puedo conseguir creerme,
que algún día me convertiré en recuerdo
y dejaré de escapar del atrás para ser un trueno
cargado de verdad, dolor y arrepentimiento.
Estoy seguro de que puedo llegar a ser
una pequeña bala de lamentos, que se cuela en habitaciones ajenas
para contarnos historias, de poesía
al oído, al susurro, al ritmo de tus latidos
como si el día volviese a ser el suelo
y la noche el cielo
como si los dedos tocasen por última vez
el juguete favorito de mi infancia
la foto de mi madre en la mesilla, los temblores
como el naufragio en las esquinas
como si no fuésemos eternos
como si no nos conociésemos.






Poesía dedicada a @PabloMazon21

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