Recurro a
los recuerdos por miedo a dejar
algo atrás,
como si
estuviese anclado al pasado
como si ni
siquiera nos conociésemos.
Despego mis
venas de las cuerdas de la guitarra
y observo
cómo mi piel se ha derretido
al contacto
con mi reflejo en el agua
del océano
pacífico de mi almohada.
No quiesiera
pecar de entristecido, creo que no
no sé
pronunciar en cuanto a verdades se refiere
puede que
las horas estén tan perdidas como yo
o simplemente
todo es un sueño y nos toca adivinar cuándo pasa el siguiente segundo.
Por qué en
las pesadillas todo vale, si en realidad estás condenado a morir
por qué nos
sentimos tan libres, si hagamos lo que hagamos caeremos
por nuestro
propio peso.
Si nuestros
dedos no se quieren, sino se odian
hasta el
punto de romperse los unos a los otros
de no
rozarse ni por accidente,
son más de
besar la sangre de los nudillos que de hacerme dormir tranquilo.
Quizás nos
toque vivir en un singular constante, aprender a tragar
recordar no
por miedo a perdernos, sino por la satisfacción de poder soñar
dormir no
por recargar las pilas, sino por oxidar las únicas que nos quedan,
o quedarnos
en vela, besándole al piano todos nuestros secretos
todas nuestras
verdades olvidadas
nuestras plegarias
más paganas
nuestras manos
más sucias
e incluso
nuestras lágrimas para eclosionar de
nuevo.
Puede que la
noche sea lo equivalente al suelo
y el día se
convierta en nada más que un suspiro
puede que
haya llegado a encontrar la irrealidad en tus abrazos
o el único
pez del mar que prefiere caminar a vivir nadando.
Creo que ha
llegado el momento de intentarlo de nuevo,
de surcar el
mapamundi de la almohada protagonista de nuestros refugiados
de zambullirme
en el océano almacenado dentro de aquel instante a solas,
entre la
nada, y yo.
Estoy seguro
de que puedo conseguir creerme,
que algún
día me convertiré en recuerdo
y dejaré de
escapar del atrás para ser un trueno
cargado de
verdad, dolor y arrepentimiento.
Estoy seguro
de que puedo llegar a ser
una pequeña
bala de lamentos, que se cuela en habitaciones ajenas
para contarnos
historias, de poesía
al oído, al
susurro, al ritmo de tus latidos
como si el
día volviese a ser el suelo
y la noche
el cielo
como si los
dedos tocasen por última vez
el juguete
favorito de mi infancia
la foto de
mi madre en la mesilla, los temblores
como el naufragio
en las esquinas
como si no
fuésemos eternos
como si no
nos conociésemos.
Poesía dedicada a @PabloMazon21
No hay comentarios:
Publicar un comentario