Es la primera vez que escribo con un título premeditado, con
algo a lo que agarrarme o por el contrario, algo que no me deje moverme, ¿Deberías
sentirte especial? La respuesta es sí, pero no porque seas la primera, sino
porque me has ayudado a componer un trozo más de la enorme pieza que significa
mi escritura. Bien, puede que hayas creado la primera nube de la primera
tormenta del día, puede que hayas sido la culpable de innumerables tempestades
tanto dentro como fuera de ti, puede que seas responsable de verdaderas
destrucciones atemporales, emocionales y al fin de al cabo, sensitivas. Puede
que seas tú la tormenta, o que la tormenta viva dentro de ti, o simplemente,
puede que la tormenta sea donde vives. Existe una realidad que se hace notar,
realmente tangible, y es que después de una tormenta llega el sol, o por lo
menos la calma. Te sorprendería descubrir la cantidad de (c)almas que se
esconden en una tormenta, no por miedo a la lluvia, los truenos o los
relámpagos, sino por pura comodidad, por amor a su naturaleza conectada
directamente con su forma de sentir, hay quienes no salen de casa los días
tormentosos y quienes salen a la calle para sentirse como en casa. Dicen que
nos da miedo la lluvia, que nos da miedo mojarnos, dicen que somos como rocas
arrojadas a un río, que nos mojamos por fuera pero por dentro seguimos secos,
pero yo te digo desde la lejanía de no conocerte, que existen piedras tan duras
como el diamante pero tan moldeables como el agua misma, y que en el momento en
el que tocan un río se convierten en una tormenta, un tormenta que destruye
todo lo que encuentra a su paso pero no hace ningún mal. Yo me sincero, y te
escribo desde mis adentros, queriendo hacerte sentir que tu tormenta, tú, tu
hogar, es lo más valioso que vas a poseer a lo largo, ancho y alto de tu vida.
No la odies, porque forma parte de ti, sal a la calle, ponte debajo de la
lluvia, deja que te cale hasta los huesos, observa las nubes llorar hasta que
no les queden lágrimas, observa todo lo que te puede hacer llegar a sentir el
simple hecho de aceptar tu truenos, siente, esa es la palabra, siente todo lo
que es y lo que eres, y aprende que aunque te caigan mil rayos encima nunca
desaparecerás, nunca morirás del todo. Vive tu tormenta y aprenderás entonces a
no quemarte bajo el sol, porque para eso existen las nubes, para enseñarnos
todo aquello que debemos aprender, todo aquello que nadie más nos va a poder
hacer ver excepto nosotros mismos.
Texto dedicado, pensado y escrito para Beatriz (@Beatriizwio)
Por cierto, felicidades.
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