He memorizado demasiadas conclusiones, solía bostezar con
miedo de romperme el pecho, o mejor dicho, despegármelo. Cientos de miles de
copos de nieve a lomos de la verdad, tantas tropas encañonando los latidos
personales de los ángeles, puede vivir el silencio de los violines entre tantas
poesías, puede ser que el hincapié verdadero consista en desaprender, volar
hacia el viaje de no regreso.
Mundos abstractos son los que componen mi mente abstracta,
resquicios aparentemente rotos, cientos de miles de perdones incompletos.
Conciertos de piano en la cabeza, tremendos golpes de música,
brutales acometidas las de los acontecimientos vividos. La aceptación del dolor
es lo que nos convierte en algo eterno mas no existe nada que haya podido
existir, contrario a la idea divina de ser habiendo siendo sido. Renuncias
catalogadas hacia la idea de tormentas controladas, el baile de mis dedos
acaricia mi alma, la tapa de mis sesos comprime una vez más el tremendo
holocausto caníbal de mi pensar, a mi pesar. Me gusta jugar.
El primer paso para alcanzar la locura siempre será el único
que nunca puedas recordar, el mundo, aquello que los terrestres conocen
redondo, puede ser confundido con un auténtico genocidio a los sentidos. Por no
mencionar a los sentimientos, agonizan casi tanto como las personas que los
poseen, por mucho que me lo exija no consigo exigirme nada.
Tengo la necesidad de vomitar desde hace meses, ya no se
trata de tener o dejar de tener un nudo en el estómago pendiente de la
garganta, actualmente el sufrimiento consta de realidad, consta de nombre y
apellidos que por arte de magia, han acabado siendo los míos.
Le juro al tiempo que le ahorraré la necesidad de suicidarse
conmigo, existe algo dentro de mi interior etéreo capaz de secuestrarme las
lágrimas. Los mayores atentados han sido, son y seguramente acaben por hacernos
dejar de ser, los propios de la humanidad. Vivo por y para la idea de la
negación de la maldad humana, me dejo llevar por la supuesta buena fe de querer
que la mayor enfermedad jamás vista sea la ignorancia y no la maldad.
Tengo miedo, sinceramente estoy aterrado, y no por el hecho
de poder morir en cualquier momento. Tengo miedo porque no deseo mal a nadie,
me tiemblan los huesos porque estoy viendo cosas tan terribles que me han
cortado de raíz las pulsaciones, tengo miedo porque mire a donde mire, solo me
veo a mí y a los demás, o a los demás y a mí, pero ni veo ni siento ni puedo
llegar a imaginarme un nosotros. Si pudiese sacrificar mi vida terrenal por un
suspiro de esperanza en cada boca, lo haría sin dudar una décima de voluntad.
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