Nos han querido inculcar, y por desgracia lo han conseguido,
la idea de un propio ideal, ya no sólo de belleza, sino también de
personalidad. Y me acabo de dar cuenta, de que nos han engañado, en películas,
en cuentos, en fantasías y hasta en funciones de teatro, nos han mostrado un
alma gemela, un robot sin alma al que tenemos que llegar para ser felices. Nos
han corrompido el amor, contaminándonos de una forma tan sutil que prácticamente
nadie se da cuenta. Creemos vivir con la extraña idea de una persona en nuestra
cabeza, esa media naranja que nos falta, y digo falta porque hasta que no
llegue el día en el que la tengamos no estaremos completos, y digo tengamos
porque el día que se vaya volveremos a ser a medias.
Y lo peor de todo, lo más tétrico de esta manipulación, es
que no se sabe de dónde proviene, pues es tan perjudicial para hombres como
para mujeres. Porque la idealización del amor es un cáncer que te come por
dentro, porque el creer que la idea que te han metido en la cabeza es aquello
por lo que tienes que vivir es algo completamente cruel, creer que una idea de
persona perfecta completamente artificial es dueña de tu destino, es
jodidamente horroroso.
Y el daño, y el dolor innecesario que produce el no encontrarla porque
obviamente nunca la vas a encontrar porque el amor nunca va a entender de
materialismos de ningún tipo, ese dolor, es un dolor demasiado punzante,
incluso es un dolor que si no se entiende te hace caer en el aumento progresivo
de esa creencia tan nociva, y te hace perder innumerables ocasiones y personas,
te hace reducir todo sentimiento a encontrar algo que no existe, y que por
mucho que creas haber encontrado no es más que el producto de una empresa, un
negocio, y una mente contaminada que es la tuya, no es real. El amor no
entiende de fronteras rejas barrotes o jaulas de ningún tipo, es la propia vida
y nadie ni nada es capaz de controlar o juzgar a la vida misma, pues no hay nada
más bello que la libertad, la propia palabra amor se convierte en un reclamo de
las verdades, y en el momento en el que lo conoces, lo abrazas, y en el momento
en el que vives y te dejas vivir y dejas que los demás vivan, aprendes a amar.
Ninguna flor de plástico podrá imitar nunca a la verosimilitud natural de lo
propiamente natural.
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