13.3.14

Más grises que nunca

Cariño, te noto triste, tus ojos parecen querer llorar.
Simplemente el tiempo no pasa por mi cabeza, Rocío, mis ojos ya no aguantan más despiertos.
Entonces deja que duerman con los míos.
Sabes que adoro tus ojos, grises, tan sensibles como tus labios al dibujar las palabras tan bonitas que siempre dices, con tu voz desafinada a la perfección, amansan mis penas. Dices lo que sientes, y sientes lo que dices.
Pablo, te quiero desde todos los puntos de vista posibles, no voy a dejar que tus cuerdas se rompan, si hace falta las cambiaré para que no se oxiden, eres lo único que tengo y contigo lo tengo todo, tu mente, es mi cama favorita.

En ese momento sus dedos rozaron mis labios y mis ojos gritaron sus lágrimas. Dolíamos juntos cada noche, solíamos escribir poesía bajo las sábanas y en cada coma un pájaro volaba por sus sombras, que acunaban sus tristes ojos a merced de la niebla espesa. Un mundo aparte se escondía en todo aquello que vivimos, ni siquiera un alma gemela se asimila a su espesa cordura. Pintaba constelaciones por cada palmo de su piel, lluvia y nieve adornaban sus costillas, semejante atracción mental como dos imanes. Cálidas mareas moldeaban sus costas, las olas, siguen rugiendo en mi cabeza al amanecer de los soñares sobre tu cuna. Suaves, ojos suaves, se apagaron, se fundieron, más grises que nunca.

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