El concepto de felicidad es posiblemente una de las cosas más
borrosas y claras que habitan en mi mente. No recuerdo el día en el que
conseguí ver, sin buscarlo y buscándolo a la vez, el significado real y un
tanto oscuro de la palabra felicidad. Bueno, puede que si lo recuerde y no
quiera verlo, puede que el día en el que abrí los ojos no fui yo quien levanto
los párpados, sino que me los abrieron a la fuerza. A veces agradezco haberme
levantado de la cama ese día, me cambió, me hizo poder llegar a ser realmente
feliz, me abrió la mente, el corazón y el pensamiento. Pero quién realmente me
abrió las puertas a la felicidad real y oscura fue mi capacidad de razonar, que
fui desarrollando y la cual nunca va a estar completa, ni vacía, solo sé que no
se nada. La virtud de razonar dentro de mi mente me ha otorgado el conocimiento
de que nada es real y nada es cierto desde un punto de vista exterior e
interior complementariamente, cuando miro desde dentro de mi persona lo veo
todo de la manera en que mi razón me ha enseñado, lo veo todo a través del conocimiento
que me ha llegado. Se podría decir que he encontrado la felicidad a base de
juzgar mi propio pensamiento constantemente, de no parar de pensar en ningún
momento y de no dar por buenas mis ideas por el mero hecho de que sean mías,
estoy en el río del conocimiento propio del cual no voy a desembarcar hasta que
llegue el día de mi muerte. Conócete a ti mismo.
Me está costando escribir todo esto, pero a la vez me está
sirviendo de análisis propio. Bien, ahora os voy a contar mi significado de
felicidad, y para mí el único real que existe y el que la gente que no desea o
no puede razonar desconoce.
Cuando uno descubre que es feliz, se da cuenta de que en
ocasiones no lo ha sido, y en otras sí, pero sobre todo descubre que la
felicidad no es más que la visión de la realidad que hay dentro de ti y que le
da sentido a tus ojos y a tu visión del mundo y de la propia existencia.
La felicidad real y consciente se da cuando abres los ojos y
ves cómo eres, quien eres y por qué estás aquí. La virtud de razonar, da el
conocimiento, y el conocimiento real y honesto da la felicidad real. Pero para
poder llegar a razonar, primero tienes que vaciarte, y darte cuenta de tu
ignorancia, de que en realidad estas vacío y empezar a llenarte bajo el juicio justo
del pensar.
No hay peor ignorante que el que se cree llama así mismo
sabio y no quiere poner a juicio su verdad.
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