2.1.18

Vino blanco

Por qué me enviaste a amar, sin enseñarme cómo hacerlo. 
Por qué me ordenaste salvar vidas sin enseñarme a salvarme a mí mismo. 
Por qué me has abandonado, en medio de todo esto. 
Por qué me borraste las alas
por qué me enmudeces la voz
y me haces olvidar tus palabras
y borras tus huellas para que no te pueda encontrar. 
Noto tu tridente de furia, castigo y fuego clavándose entre mis vértebras. 
Quizás recé indebidamente, quizás confundí niebla con humo, puede que no viese el rabo rojo señalando la verdad. 
Te hablo, te imploro
que me digas tu nombre
y me dejes ver tu rostro
y me devuelvas la luz
porque me estoy apagando
me apago
y no entiendo el porqué
y no entiendo a Dios
ni le temo al diablo
ya no temo a nada
porque yo soy el miedo en la Tierra. 

He brotado de la punta de la hierba
con tacto de infancia
he recordado al son del vino blanco el sonido de tus manos cubriendo el manto verde
porque tus manos eran el cielo que cualquier mortal soñaría con alcanzar algún día
porque tus dedos se convirtieron en escalones hacia la galaxia de olor a lluvia
en las sensaciones que convierten al vivir en vida
y a la vida, en poesía. 

Quiero que sepas que navegaré hasta que mis velas ya no abracen el viento
hasta que la madera que me cubre se pudra y la sal se coma mi carne
hasta que mi ancla te encuentre en el fondo del mar y por fin haga que todo pare
que todo se detenga
y que por fin pueda respirar sin preocuparme del paso del tiempo
de las corrientes
de no naufragar. 
Cuando cierre los ojos y todo se vuelva frío sabré que llegó el momento de ser la hierba entre tus dedos
cuando saboree el aire y todo carezca de peso, sabré que te habré encontrado por fin entre tanto (a)mar
será cuando mi pecho no guarde tormentas 
cuando el cielo me comprenda
cuando Dios por fin escuche aquello que nadie más sabe escuchar
cuando los ángeles aprendan a volar debajo del agua
y el sonido de los violines se adentre en tus pupilas al ritmo del nacimiento de la música
y la libertad
la libertad hable de nosotros como la mayor utopía de la historia
y pierda de vista nuestros besos
y le de vergüenza mirarse al espejo

sé que el día en que te conozca será el día en que todo se desvanezca
el día en que mis fuerzas se transformen en lluvia
y los recuerdos que tanto me empeño en cuidar me arropen del frío, en soledad
y todo el dolor que guardo acorazado, sea bautizado por el lenguaje de las plantas
y quizás así
y solo así
cuando tus manos cubran el cielo de las estrellas
y sean tus dedos las nubes que acarician el alma, el sonido exacto procedente del fondo de la caja de música
de ese violín, y ese mismo aroma verde
quizás solo así
cuando de todas mis caídas crezcan raíces
y de todas mis preguntas lanzadas al abismo evoquen respuestas melancólicas
cuando encuentre las palabras adecuadas
y dejen de abandonarme las creencias sanas
quizás
cuando mis penas hablen ese idioma
puedan decirles a tus manos
a tus dedos de porcelana
que la vida es un beso en el que no debes abrir los ojos
y por eso me encantaba mirarte mientras te besaba
porque había veces, en las que dudaba
de si algo tan real
podría llegar a ser un sueño. 

Quizás
y solo quizás
tus manos, cielo del alma
comprendan lo que siento y pueda llorar en forma de cometa
para que el viento arrastre por el mundo esos pedazos de ingenuidad

quizás la vida merezca la pena solo por vivir ese segundo
en el que todo lo malo se paraliza
y lo bueno crece sin necesidad de explicaciones
quizás fue mi condena, esa carta en la que hablaba de mis deseos de encontrarte algún día
y forjó esperanzas
de realidad, de mezquina realidad. 

Quizás así
y solo así
me vacíe por dentro y pueda flotar
flotar sobre tus sueñitos de niña buena
de ojos de mar
y pasiones
tan puras

como tu alma. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario