La vida es sencilla
tan sencilla como la forma de quemar del viento frío
contra la piel
estoy cansado
de vomitar palabras y de la acidez
de las palabras que no consigo sacar
cansado de sentir una pistola sobre la tráquea al respirar
cansado de escribir con miedo, y con el miedo
yo tan solo quiero que no se me rompan las raíces
me da la misma vergüenza fumar sabiendo que me muero
que decirte que te quiero
es la misma incertidumbre
que provoca pensar si será la última nube de humo que sale de mi boca
o esas palabras, que ojalá no se conviertan en humo
tan solo no quiero hacerte daño y atarme los cordones como me enseñó mi madre, sin prisas
porque aunque como un zapato desgastado por el tiempo y por los pasos,
cuando me atan me voy
y cuando me desatan me quedo
contigo, me apetece andar descalzo
y esconderme entre los dedos de los pies y el tacto de la hierba
para darte un susto, y justo cuando te despiertes recordarte que soñar es como el aire
nunca sabes la falta que te hace hasta que lo pierdes
quiero escribir en papeles de agua que lo siento por volar demasiado alto
a veces me cuesta aterrizar
quiero bañarme en el mar de tus letras y olvidarme de leer entre líneas
quiero ser esa persona en la que pienses cuando te seques las lágrimas, sin que te de miedo llorar
las historias y los cuentos siempre tienen finales
porque sin ellos
no existirían principios
prefiero leerte en mil historias, aunque tú no me las leas
con tal de que ilumines este mundo a veces tan oscuro
y sigas haciendo sentir allá por donde vayas
puestas de sol entre el alma y el pecho.
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