7.3.17

Delincuente de la inercia

Con cada minuto, se me escapa una vida entera,
había olvidado pensar, que sentir es dejar escapar el tiempo
que el pecho tiembla con tus pasos
mis botas se vuelven sucias al intentar, seguir el rastro de tus cenizas
la delgada línea entre ser y desear ser
se apodera lentamente de mi inocencia,
pero qué hostias quieres que te cuente
un verso con patas, un delincuente de la inercia,
un ser en busca y captura por tus pestañas abrazándose a cámara lenta
un recuerdo sostenido por la música, incertidumbre abandonada de la vida.

Qué pretendéis al leerme, qué buscáis al besarme, qué esperáis de alguien al que le encanta esperar,
si quisiera, os odiaría.
De igual forma en la que odio mis letras, y odio no saber odiar
porque el hielo se derrite mientras yo contemplo el agua entre mis pelos,
y no existe más que la tierra mojada sobre infinitos pañuelos
cargados de semen, mocos y sueños.

Mientras muero, planto semillas en forma de cerezo, en el pecho del tiempo, bajo la sombra de la huida,
entre los recuerdos, y la vida
y mientras muero, y me descompongo
guardo mis cenizas y escribo un te quiero al regar el cielo,
suplicándote que te vayas
y una vez ida
te conviertas en memoria
para tenerte siempre conmigo
y con mis manos poder convertirte
en pestañas mojadas
en pañuelos empapados
en libros a medias
en botas sucias e irremplazables,
en una espera interminable,
en un odio que encante,
en una fina barrera entre quererte y desearte,
en una dulce melancolía, fruto de los minutos
en los que se me escapa toda una vida

volando entre cenizas.

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