27.12.16

Reverencia

El borde del mar siempre se merece terceras oportunidades,
se retuerce intentando llegar a las llamas de la ciudad, y apagar el fuego del odio,
es más sabio que la propia tierra, pues sin ella, la espuma nunca tocaría la arena
él también tiene miedo a ser juzgado
a que le digan que está demasiado frío, que se tragó aquel barco, que robó el aliento de innumerables humanos.
Sin la espuma el mar no sería nada más que agua
y sin el agua, el mar no sería nada más que espuma.
Las hadas corretean por su superficie,
creando un infinito más
un blanco puro y azul del cielo,
en pie de guerra contra el manto nuboso
pues los rayos de la luna
siempre han sido, los más hermosos.
El mar habla en lenguaje de signos,
un lenguaje que hoy en día
alberga el último misterio del mundo,
los secretos que guarda un corazón hundido
protegido y enclaustrado por el silencio
al albergue de la oscuridad
y el infinito charco de lágrimas que le acompaña.
Como la mano de Dios, o su sangre
intenta recogernos en una simple palabra,
intenta que seamos una simple palabra,
intenta que adoremos su libertad marina
intenta, por siempre, que nunca dejemos de subir la marea
y a los que odian la bajamar digamos: hubo un día,
en el que el agua no te habría dejado respirar
en el que el miedo era tan grande
que ni siquiera la propia tierra se atrevía a asomar la cabeza
y no fue otro sino el propio mar
el que hizo el mayor acto de amor de nuestra existencia
retirarse para que otros respiren,
sin importan la importancia que estos otros le otorguen,
sin importar si intentan asesinar tu corazón
sin importar si intentan contaminar tanto la espuma, como la arena
sin importar que sin su retirada, nunca subiría la marea
y la bajamar sería nuestro más preciado sueño.

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