Mis manos tiemblan con el paso del tiempo, el mundo va demasiado deprisa. Toda la vida que me queda por delante puede convertirse en unos cuantos segundos, un puñado de matices y recuerdos grises sin importancia aparente.
El tacto de la hierba fría bajo mis pies en verano, es algo que recuerdo siempre que llueve, es como pensar en tu infancia cuando te estas muriendo. Puede ser que el mayor problema de mi vida sea mi futuro, la forma en que se crea, a partir de recuerdos grises y mojados. Es como cuando intentas secar tu almohada, bañada por las lágrimas, le das la vuelta y acabas mojando el colchón, después vuelves a regar tu presencia y es entonces cuando no puedes dormir. Podrías coger otra almohada pero sabes que acabaría igual.
Llega un momento en el que aceptas tu condena, no quieres que nadie te moleste ni entre en tu cabeza, un bolígrafo, unos cigarrillos, y un poco de verde se convierten en las únicas cosas en las que confías plenamente. Dejas de percibir la mirada de la gente sobre ti, te sientes como si estuvieses dentro de una burbuja y la verdad es que no es una sensación desagradable. He conseguido encontrar la libertad en algo que me encierra, mi mente.
Yo aquí estoy bien, soy libre, nadie puede entrar y decirme que baje el volumen de la música. Aquí soy feliz, a ratos, ya es mas que vuestra realidad.
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