28.12.13
Un tren sin destino alguno
Cargada de dolor, sufrimiento y tristeza brota otra lágrima, acaricia tu pupila y se columpia en el párpado que abriga, juega entre las pestañas y cuando se cansa de ti, se desliza por tu cara en señal de no volver nunca jamás a declarar culpable tu miedo. Se congelan los recuerdos en los ríos salados de tus mejillas, cuenta la leyenda que se pescan buenas mentiras. Estoy convencido de que las lágrimas provienen del cerebro, o de lo que sea eso, salen por los ojos, se ponen rojos de la vergüenza. Un camino largo y sinuoso por ti, tristeza. Un camino que desaparece en el primer cruce que te encuentras, no hay señales que indiquen la salida, ni siquiera hay un suelo sólido para caminar sin dejar huella. Perder toda esperanza ayuda a imaginar el final del río, termina en una cascada, pero nadie sabe lo que se esconde entre la espuma. Coger un tren sin destino asegurado, te equivocas y aciertas en cada estación, los asientos son incómodos y tú tienes sueño por momentos. Siempre necesitarás a alguien que te ayude a bajar las escaleras, tristeza.
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