Vivo en la utopía
de la utopía vivida en mí.
Le han dado la vuelta a la vida,
han roto corazones de tinta,
y ahora resulta que quien siente, y padece
vive en la mentira.
Hemos roto nuestras propias razones,
hemos quemado nuestras propias raíces,
cortamos las manos a nuestros hijos,
convertimos el vivir en el soñar
y soñamos con lo que matamos cada día.
Somos ciegos porque el ego nos amansa
y permitimos que la niebla nos consuma.
Somos muertos porque nos sobra avaricia
porque aunque el corazón bombee
no estamos vivos sino muertos en la vida.
Matamos el vivir
en cada gesto de desprecio.
Somos suicidas ciegos,
que se llevan por delante
hasta el suelo que piso con miedo.
Y ahora resulta
que quien cree en el querer del alma
no es persona sino locura en carne podrida.
Y ahora resulta
que quien llora por el daño de su madre
no es persona, sino silencio acomodado.
Y ahora resulta
que mis fuerzas se ahogan solas
que mis ojos ya no miran
y mi empatía, se desborda.
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