29.1.14

Sufría en silencio la almohada

Las noches en la luna
suelen ser igual de oscuras, 
y es que el alma no entiende de sombras
dos colores, dos aromas.

Dos violines con las cuerdas oxidadas, 
una noche sin estrellas, desesperada
las ganas de dormir, que se separan
las ganas de soñar, desconsolada.

Y es que yo suelo dormir despierto 
y soñar con los ojos abiertos,
posando la cabeza en mi almohada, 
me di cuenta, sufría, abandonada.

Sufría como sufren los vientos
cuando no tienen nada que soplar,
sufría en silencio la almohada
añorando, aquel despertar.

Vestía una cara desgarrada
por las sombras de aquel soñar,
su aroma parecido a la escarcha, 
del frío, y denso, final.

Sufría en silencio mi alma,
en este vacío a llenar
sufría en silencio la almohada,

porque, ella, no volvió a despertar.


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