No creo en el destino, ni creo en el amor, desde tu muerte carece de color hasta el anochecer. Me paso el día, la noche y el sueño castigándome por perderte de mi lado, por hundirte en la tierra de la que no brota nada, por matarte, mi vida, te echo de menos. Tiñendo mi alma de gris con tu recuerdo, pensar que un pequeño error cobre tanto castigo. Castigo, el soñarte, y el pensar en que todo fue mi culpa, culpa del peso de tu huída, te ruego que no me olvides.
Nunca me perdoné perder tus ojos grises, tus blancas manos y tus labios que tanto me abrigaban. Nunca me perdonaré castigarte de esta forma, nunca, te quise perder. Mi único Dios es el perdón, ya que no existe, mi penitencia cada lágrima teñida de rojo, esperando creer que algún día te volveré a ver.
Fuiste la única consecuencia de mi vida que me hizo sonreír de verdad, cada día soñando verte. Te prometo, que estés donde estés, cuando la muerte me persiga te volveré a ver, y pagaré tu sufrimiento, aliviaré mi corazón con el tuyo y volveré a ver tus ojos grises, te quise, y siempre te voy a querer, no lo olvides del todo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario