17.3.15

Vivaldi

Otra vez arañando los barrotes de mi jaula
otra vez besando el cielo con los ojos
sea cual sea el motivo de la ausencia
de las rosas crecen amapolas
de mis huesos brotan cortesías
plegarias contra el mar embravecido
pequeños solos de violín enmudecidos
por tus quejidos, y por los míos
por el compás de la muerte del bosque
la delicaleza del sinlatido
bravura
noches vividas entre tus piernas
debajo de tus alas llegué a encontrarme
en cuanto a los besos de almas blancas
De mentes suaves, cisnes
presas del destino libres, como golondrinas
agazapadas en la miel de la vida
del sin sentido de haber escrito lo vivido
y de vivir lo que la muerte nos descubrió,
las cuatro estaciones de los ángeles de Dios. 
¿...Existe acaso algo tan bello, como recordar
el viejo y sereno aroma de las lágrimas
ahogados en los vasos de los bares
en el suelo de las calles
y en las poesías de la música clásica...?
Si la forma de salir de este mundo
a mi elección pudiese ocurrir
sin duda alguna sería entre el sofoco
de morir entre Vivaldi y un orgasmo juvenil
¿...Acaso existe algo más bello
que besar sin miedo a morderse
que vivir sin miedo a perderse
y que soñar sin miedo a despertar...?

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